27 de junio

La coyuntura económica

El gobierno de la Generalitat catalana ha gastado un millón y medio de euros en los 266 viajes que han realizado sus miembros en este año que llevan de gestión. Aún más escandaloso que el gasto parece el número de viajes. La cifra total de gastos no deja de ser engañosa, porque muchos de los gastos de un viaje corren a cuenta del anfitrión. Con obligación de correspondencia, claro: al cabo de un tiempo es el Gobierno el que hace de anfitrión de aquellos señores que fueron tan amables, y el que paga. Aún sería más interesante saber el objetivo de estos viajes, que incluyen, desde luego, Bruselas, pero también Kenia, Bali o Finlandia. El objetivo secundario, me refiero. La actividad viajera de la Generalitat (y del Parlamento), portentosa en época pujolista y portentosa con sus herederos, es una actividad que sólo tiene como objetivo dar a conocer en el mundo una entidad política, cultural y económicamente diferenciada de España. ¡Ir preparando al mundo para la independencia próxima!, para decirlo en términos chabacanos. Es decir que a la inmensa mayoría de esos 266 viajes no se le encontrará razón ni sentido si se descuentan los puramente patrióticos, basados en la evidencia de que lo que no se mueve no existe.

Sobre los gastos de los políticos catalanes tengo más noticias recientes. Éstas afectan al Ayuntamiento de Barcelona. Hace unas semanas aparecieron en las farolas y en los medios locales unos carteles con fotografías de presuntos barceloneses (algunas de esas fotografías eran pletóricos ejemplos del feísmo de la juventud, no autorizadas para la sensibilidad adulta) y una leyenda que decía ViscA Barcelona. Quizá se advierta fácilmente el jueguecillo. No es, exactamente, que ahora se dediquen a feminizar los verbos, aunque todo se andará. Visc es vivo y Visca es Viva: sólo pretendían anudar el censo municipal con el orgullo. ¡Viva vivir en Barcelona! El trastabilleo retórico es ocurrente, aunque copiado: Leonor Mayor contó hace poco en el periódico que el Ayuntamiento de Palma explotó antes la misma idea. La alusión al plagio es importante. Yo mismo estoy dispuesto a pagar lo que sea por una metáfora. Pero nunca olvido que el primero en ver tus labios dientes como perlas fue un genio y el último un bobo. Mucho menos voy a olvidarlo cuando la campaña ha costado 1,7 millones de euros. Demasiado para un plagio. ¿Qué podría hacer el Ayuntamiento de Barcelona por sus ciudadanos con 1,7 millones de euros? ¿Limpiarles la caca de perro que ha convertido sus parques en una peligrosa pocilga, por referirme a algo bien municipal y espeso?

Lo primero que hace un ciudadano responsable cuando llueve es mirar al cielo y gritar Porco governo! Y está lloviendo, y el dinero es suyo.

(Coda: «La economía del bienestar se puede enriquecer sustancialmente prestando más atención a la ética». Amartya Sen)

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Correspondencias /Ignacio Jáuregui

Estimado, frecuentemente leído y en general admirado Arcadi:

El primero en ver tus labios como perlas es muy probable que haya sido usted y, si resulta genial, lo será en una vena más bien extravagante. Por mi parte, encuentro preferible en estricta vulgaridad atenerse a los dientes o como mucho a las lágrimas si con perlas se quiere jugar.

Atentamente

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Correspondencias /Eugenia Codina

Querido Arcadi,

los 1,7 millones de la campaña Viure a Barcelona, se podrían haber invertido en residencias para la tercera edad, las cuales son escasas en cantidad y medios, para que los residentes tuvieran un lugar digno y decente donde pasar sus últimos años. Esto también es Viure a Barcelona, con 80 años y Alzheimer.

Al fin y al cabo, estos son los ciudadanos que han contribuido a hacer la Barcelona actual, con su esfuerzo, su dinero y su participación.

Un abrazo,

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Correspondencias /Aleix Mercadé

Buenos días,

Me llamo Aleix y tengo 18 años. Aprovechando la próxima celebración del Día del Orgullo Gay redacté hace poco un pequeño artículo, por así decirlo, en el cual plasmaba una opinión no muy generalizada sobre dicho evento. Soy un lector asiduo de su blog, y me pregunté si al menos le interesaría leérselo porque me consta que en ocasiones ha expuesto correspondencias en su web. De todos modos, para mí lo importante es haberlo redactado, porque aunque quizás a simple vista no lo parezca representa todo un trabajo de introspección (y catarsis, me atrevería a decir) para un servidor. Muchas gracias de antemano. Atentamente, Aleix

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Correspondencias /Ángel Carrasco

Estimado Arcadi,

tal vez conozcas el períodico satírico americano “The Onion”a través de una referencia de Pinker en La Tabla Rasa. Aprovecho la carta de Aleix para recomendaros su lectura a ambos. Y especialmente, por venir al caso, la del artículo “Gay-Pride Parade Sets Mainstream Acceptance of Gays Back 50 Years”.

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Correspondencias /José Manuel Ruiz Martínez

Estimado Sr. Espada:

Encuentro muy oportuno que Aleix Mercadé le haya enviado justamente a usted el artículo que ha escrito. Porque creo que el mal del colectivo GLBT en cuanto grupo político es el de lo que usted ha denominado socialdemocracia: lo quiere todo a la vez: igualdad y diferencia, visibilidad e intimidad, matrimonio entendido al modo burgués más adopción y radical apertura venérea… Entiéndaseme: quiere representar ideológicamente todo eso a la vez, sin reparar en contradicciones o aporías meramente argumentativas, bajo la simple excusa -por otra parte cierta- de que cada individuo homosexual es distinto; claro; pero entonces, ¿cómo constituirse en grupo político con una línea ideológica común más allá de la mera reivindicación genérica de la no discriminación? Esto hace de la marcha del orgullo gay una cosa muy parecida a la procesión del corpus de mi ciudad: primero va la Tarasca (un maniquí que marcará la moda del verano subido sobre un dragón), los gigantes y los cabezudos, que pegan a los niños con vejigas de cerdo infladas; después, sin transición, el alcalde, collar y bastón, los canónigos, el incienso y la custodia con el mismísimo Jesucristo transubstanciado. En la cabalgata tampoco hay transición de los políticos en general, serios, responsables, reivindicando la igualdad, y luego, en las carrozas, aquellos a los que todo eso igual da. Casi echo de menos a los honrados pioneros de Stonewall, tal y como se retratan en la película homónima, que se quitaban el maquillaje y el pelucón (cuando ser homosexual probablemente te abocaba a vestirte de mujer, como le sucedía a los mariquitas del franquismo) y se ponían su corbata y su chaqueta a la hora de coger la pancarta porque entendían que para una reivindicación de igualdad el decoro resulta imprescindible.

En definitiva, los derechos implican responsabilidades, principio que la socialdemocracia según usted la define trata de eludir por incómodo. Si uno quiere matrimonio e hijos, bandera a la que me sumo gustoso, tiene que asumir la fidelidad -¿para qué casarse si no?-, y que se acabaron los trasnoches, como han comprendido tantos amigos míos heterosexuales que empiezan a tener sus primeras crías. Pero esto yo sólo se lo he escuchado, en calidad de homosexual, a Álvaro Pombo. No me sorprende que milite en la formación política más razonable hoy día y que firme manifiestos llenos de sentido común.

Siga con lucidez.

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