16 de mayo

La adversativa

Aunque velado por la desesperación y la cruda lucha por el poder puede haber un extraordinario asunto político en los problemas del Partido Popular. ¿Deben reformarse las convicciones cuando son insuficientes para alcanzar el poder? ¿Quién tiene razón: el partido o la gente que mayoritariamente apoya a otros partidos y a otras convicciones? La posibilidad de que el PP gobierne en España sin acuerdo tácito o explícito con los nacionalistas es remota hasta donde la vista alcanza. Tampoco permite la vista divisar un líder (ni en la actual cúpula ni, lo que es peor, fuera de ella) capaz de abrir las compuertas y obtener una mayoría absoluta. Queda, desde luego, la posibilidad de una crisis. El presidente Zapatero es el resultado de una. Y también lo fue José María Aznar, cuyo incierto carisma, como pasaría luego con el de su sucesor, fue básicamente construido desde el poder. Pero las crisis son irrelevantes para el análisis porque se instalan y dictan su ley con independencia de las convicciones.

Un buen número, aunque minoritario, de españoles tienen convicciones que son incompatibles con un Gobierno que dependa de los nacionalistas. Esto es así por razones políticas. Pero también por razones morales que se explican con miles de ejemplos. El último de anteayer: aun a cadáver caliente, el presidente de la autonomía vasca, Juan José Ibarretxe, dijo: “La ciudadanía está realmente asqueada, hasta el gorro, de la violencia de ETA; eso es verdad, pero también de las dificultades de quienes tenemos responsabilidades para buscar caminos, alcanzar la paz y acuerdos políticos para decidir nuestro futuro”. ¿Es posible gobernar con esa coloquialidad abyecta que anuncia que se ha llegado al límite… del gorro. Pero, en especial: ¿es posible gobernar con esa adversativa, con ese pero inicuo, con ese temporizador? Sí, es posible. Lo hace el PSOE y lo hizo el PP. Y cada uno con millones de españoles detrás, que conocen la adversativa y que no pueden fingir ignorancia ni engaño de lo que significa gobernar con los nacionalistas, por más que a los nacionalistas y a sus repugnantes retóricas nunca se les marque con el hierro infamante de la voluntad de crispar.

Es posible que haya personas en el PP dispuestas a no compartir ni un día más el subsuelo moral de la política con los nacionalistas; personas capaces de renunciar por ahora al poder, es decir, a rebelarse contra lo que dicta la propia naturaleza de un partido político y preparadas para soportar la posibilidad de una larga glaciación. Es decir, dispuestas a iniciar una renovación verdadera de la política del Partido Popular. Pero si existen y su estrategia triunfa no supondrá, contra lo que dice María San Gil, la recuperación de la esencia ni otras zarandajas: será la revolución más profunda, valiente e improbable que haya sufrido un partido político desde el inicio de la transición española.

(Coda: “La Humanidad se hace rápidamente incapaz de concebir la diversidad cuando durante algún tiempo ha perdido la costumbre de verla”. Stuart Mill, Sobre la libertad)

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Correspondencias /I.

Querido,

me ahorro los elogios (porque no pararía), y voy directamente al grano.

Pero empiezo por el final. Pienso que la zarandaja de Stuart Mill es una concesión a tus liberales hispánicos, y que la coda debió haber sido: “Se saca esta conclusión, no ya de la superioridad argumentativa, sino de la inconmensurabilidad de los argumentos contemplados” (Anscrombre y Ducrot sobre el pero escalar). Aunque ya entiendo, ya entiendo.

Más allá de la lucha interna, parece que el problema del Pp es la incapacidad de asumir su propio legado. Y es que solamente gracias a ellos, la Eta del 2008 no es la Eta de 1998, y por lo mismo, la política antiterrorista reclama otro discurso.

Tu adversativa escalar destroza las simetrías de Ibarretxe pero, sobre todo, pone al Pp ante la cruda realidad: Incluso teniendo que renunciar a la superioridad argumental, es preciso alcanzar el poder para que Eta no se salga, después de todo, con la suya. Uff. El Pp ante el surco del tiempo. Si no supiera que esto es Madrid, me atrevería a soñar que es Stanford-upon-Avon.

Y una particularidad. El desgarrón, en tu soberbia columna, se produce entre el segundo y el tercer párrafo (coda aparte), encarrilado sobre la repetición de “es posible” y, sobre todo, sobre aquel “que conocen la adversativa” y este “Pero si existen…”. Ahora bien: “Pero si existen y su estrategia triunfa no supondrá, contra lo que dice MSG, la recuperación de la esencia ni otras zarandajas”. Los dos sabemos que en esa “recuperación” hay una ambigüedad altamente efectiva, bien que atemperada por las “zarandajas”. Llevo 4 años en Madrid, conozco sus excesos y creo saber a lo que te refieres con “compartir subsuelo moral con los nacionalistas”. Pero en este caso eres tú mismo quien decide no convertir en expuesto tus conclusiones, favorables a Rajoy. Mi pregunta es, créeme, de mero pupilo a distancia: ¿dónde acaban las retóricas de la confusión y donde comienza el derecho del escritor a poner en jaque al lector? ¿Nos pueden quitar incluso eso, o la misma pregunta ya comparte subsuelo con ellos?

Ni siquiera sé a qué tipo de duda responde mi pregunta.

Un fuerte abrazo
I.

(pero no me subas a cubierta, que ya ves que me mareo ;-)

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Correspondencias /Antonio Turmo

Sr. Espada:

Por si le interesa y aún no lo ha leído: el artículo de Roger-Pol Droit publicado en Le Monde de fecha 16 de mayo sobre la “alianza de civilizaciones”. Muy bueno y muy conciso. La fórmula con que resume el fenómeno: “Degré zéro de la réflexion”.

“Alliance” ou “choc” des civilisations ?, par Roger-Pol Droit
LE MONDE | 15.05.08

© Le Monde.fr

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