14 de mayo

D(r)ama Ortiz


Naturalmente yo no sabía quién era Telma Ortiz hasta que ha aparecido en los periódicos para exigir que la saquen de ellos. Su petición al juez es concreta: quiere que el mundo la olvide. A primera vista el drama Ortiz es fácil de imaginar. El drama de una chica normal. A veces, a las chicas normales las hacen princesas y otras veces cuñadas. Una gran injusticia, pero así va el mundo. La hermana de la princesa quiere intimidad, que dejen de fotografiarla y de escribir sobre ella. Bueno, no es cualquier cosa. El blindaje de la intimidad de los personajes públicos supondría una catástrofe mediática, y por lo tanto económica, importantísima. El negocio se constituye a partir de una cesión de la intimidad (como la democracia se constituye con una cesión de la soberanía) que implica infinitos grados, diversamente acompasables con la ética y la legislación. El drama Ortiz persigue el cierre del negocio y no sólo por que atañe a la fracción biliosentimental. Es impracticable que para justificarse la hermana de la princesa argumente que es un personaje privado. No hay otro estatus del personaje público que este: público es el personaje que decide el público.


Sería magnífico que el vip (y el vip es una condición transversal que incluye fugazmente al que decapita a su abuela en el suburbio) pudiera disfrutar de la intimidad; pero el sistema económico no lo permite, de un modo aproximado a como no permite la planificación centralizada ni la propiedad pública de los medios de producción. Además, en el concreto caso del vip pata negra se da otra circunstancia muy vinculada con la intimidad: en realidad tienen y disfrutan de una intimidad muy superior a la de la abrumadora mayoría de mortales. Gran parte de su actividad discurre por los pasillos de lo exclusivo: casas, gimnasios, palcos, playas exclusivas. La hermana de la princesa ha disfrutado de todo eso y el parentesco también le obliga a apechugar con las hondas especulaciones sobre su piel. El éxito del relato mediático sentimental está basado en la penetración virtual del pueblo en esa intimidad, después de que la suya, la del pueblo, la horaden los vecinos detrás de los tabiques de papel o los cuerpos almacenados con su entrevero de grasa en la playa libre. Y yo creo que algo hay que darle al pueblo, aunque sean croissants.


Por demás en la distinción entre lo público y lo privado tiene el drama Ortiz su solución. Basta que la hermana entienda que el personaje que aparece en las revistillas poniéndose polvos en la nariz es un ente de ficción que lleva su nombre. Un ente que debe llevar vida propia, autónoma, al margen absoluto de quien ahora la lleva a los juzgados. Entendido esto también conviene que la hermana evite los dolorosos encuentros con su ente absteniéndose a partir de ahora, y muy rigurosamente, de abrir las revistillas.



(Coda: “Telma sabe cuidarse para mantener una piel sin brillos” (De las revistas)

·

Correspondencias /Patxi

Supongo que llego tarde.

“Respuesta” a su artículo ¿Útero paterno? en youtube (Beatriz Preciado)

Saludos.

·

Correspondencias /Óscar Forradellas

Querido Arcadi:

Aunque estimo del máximo interés la reflexión de hoy en torno a preposiciones y reparos, quisiera terciar, a toro pasado, en el contencioso abierto (y perdido) por Telma Ortiz (sin adjetivos ni complementos de nombre) entre la intimidad y la libertad de expresión. Me disculparán mis compañeros, pero la reacción triunfante de los medios tras conocer el fallo de la juez rezuma tanta miseria como corporativismo. El negocio es el negocio y no hay más. Está bien, pero esto pueden aceptarlo los editores, porque les va el pan (y la sal), pero no la sociedad en su conjunto.

La demandante argüía ante el juez, con toda la razón del mundo, que su condición de “famosa” le ha venido dada por una decisión ajena -la de su hermana de convertirse en princesa- y que exponerla a la luz de los focos era, ni más ni menos, que privarle de un grado importante de libertad. Añadía, con exquisita ponderación, que aceptaba como mal menor el que los medios informaran (mostraran, comentaran) sobre su persona cuando desempeñare esta especie de cargo consorte y acudiera a actos públicos en condición de “hermana de princesa”. Durante el resto de su vida “normal”, pedía un respeto a su intimidad, que está amparado por la Constitución Española en el artículo 18, si mal no recuerdo, y debe prevalecer en estos casos sobre el derecho a la información, contemplado en el 20. El orden, como siempre, no es baladí.

Desconozco los tecnicismos jurídicos de la demanda y el fallo de la juez, pero no me cabe la menor duda de que aquí se jugaba una baza del principio del fin del actual desafuero que vivimos en el mundo de la información. “Noticia es todo lo que los medios dicen que es noticia”. Esta definición, de lo más pornográfica, nos aboca a una dictadura mediática y el cuarto poder, el menos democrático de todos, está pidiendo a gritos sus cortapisas. ¿Quién, quienes? Eso es harina de otro costal…

Comments are closed.

-->