25 de abril

El desdén

Qué vergüenza. Descubro que no hay una calle dedicada a Galdós en Gerona. Ningún otro escritor ha puesto, como él, a la ciudad en el mapa del mito. El Episodio dedicado al sitio de los franceses, tremebundo y emocionante, pintura negra de los horrores de la guerra, es de los mejores que escribió. Luego remachó el clavo con una obra de teatro, concisamente titulada Gerona. Las fuerzas vivas no han visto aún el momento de agradecérselo. Es un excelente ejemplo de la memoria histórica catalana. Ni las fuerzas vivas ni las fuerzas muertas, aunque sea difícil distinguirlas. Cuando en el año 1914 se organizó una recolecta nacional para aliviar la situación de un Galdós pobre, desamparado y ciego el Ayuntamiento de la ciudad rechazó sumarse. Lo impidió el establishment habitual hasta nuestros días: es decir, la suma de regionalistas y carlistas (versión jaimita), que tumbaron la propuesta de republicanos y liberales. Lo explica Jean-François Botrel en un artículo muy didáctico donde se destruye cualquier posibilidad de que Galdós fuera en su tiempo un escritor nacional: sólo el escritor de una burguesía y de una nación que nunca llegaron a constituirse.

El desdén pasado y presente de Gerona hacia Galdós es el símbolo perfecto del desdén general con que la dirigencia cultural y política catalana observa el bicentenario del levantamiento. El desdén sólo tiene una coartada: el error del remoto presidente Joaquín Leguina, cuando decidió hacer del 2 de mayo la fiesta de la Comunidad de Madrid, truncando su celebración española. (Es instructivo echar un vistazo a la prensa de hace cien años: el 2 de mayo se celebraba con pompa y pólvora en todas las ciudades de España). Vuelta a Galdós y a su rol fundamental en el relato. Jordi Pujol se lamentó en una ocasión de que Cataluña no hubiese tenido un galdós: no acertaba a ver, tan nacionalista y tan présbite, que lo había tenido y era Galdós. Pero más allá del incidente visual su razonamiento era certero. Galdós fijó la crónica nacional española de la época moderna, con independencia de que, siguiendo la tesis de Botrel, no tuviera lectores ni propagandistas ni legisladores. Digamos que, de algún modo, dejó la crónica disponible.

Si los socialistas catalanes, que dominan todos y cada uno de los resortes de la Cataluña contemporánea, no tuvieran un comportamiento político vergonzantemente (y a veces vergonzosamente) nacionalista; si hubiesen sido capaces de fijar un estandar cultural propio, equidistante del jaimismo y del regionalismo; si pudiesen proclamarse sin anacronismo ni abuso herederos legítimos de esos republicanos y liberales que se batían el cobre por Galdós, cuando la reacción lo vejaba por anticlerical y disolvente, abrazarían esa crónica y harían del escritor un héroe de las Españas y hasta del federalismo asimétrico.

¡Pero quia, Galdós! Un madrileño…

(Coda: «Dígasme tú, Girona si te n’arrendiràs…/Lirom lireta./Cóm vols que m’rendesca/si España non vol pas» Gerona. Benito Pérez Galdós.)

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Correspondencias /Maite Díaz González

Estimado Arcadi Espada,

España y la visión de un territorio fragmentado, el descubrimiento de
un rompecabezas de partes extrañadas…
Viniendo de América, con las sangres mezcladas, o como diría Ud siendo
resúmenes de unos afectos, humanos y geogràficos, con todo lo que
puedan entretejer de contradicciones, amores, pasiones y razones,
cuesta comprender lo que sucede. Con Galdós aprendimos en los
Episodios nacionales la guerra de independencia, y a tratar de
comprender, -aún generaciones después-, el irracional, -en parte
comprensible-, desprecio a los franceses, episodios ilustrados, como
terribles tebeos por los aguafuertes de Goya en «Los desastres de la
guerra», la mujer de espaldas antorcha en mano, encendiendo la
mecha…Manuela Malasaña? y ya tenía nombre el elevado cuerpo sobre la
pila de cadàveres y caminando el barrio de Madrid, sentir la pólvora.
Luego eran lecturas de rigor, aquellos nombres Trafalgar, Napoleón en
Chamartin, Zaragoza, y recorrer el mapa e imaginar, luego venir y
descubrir…a Fortunata en la Cava Baja de Madrid, bebiendo un fino,
esperando…donde en los 90, en la Soleà, un pequeño bar de andaluces y
flamencos, podías oír cantar a albañiles, fontaneros los cantes de ida
de vuelta, las guajiras, fandangos y siguirillas…bebiéndose un café
con leche…, diràn que esa es la España de los estereotipos, pero yo
creo que no, es la de siempre. Saludos

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Correspondencias /Teresa Barjau

Señor Espada:

Aunque sea una vergüenza que Gerona no le haya dedicado a Galdós una calle, el episodio homónimo de la primera serie es flojito. ¿Conoce usted /El terror de 1824/? ¿/Zumalacárregui/? ¿/España trágica/? ¿La cuarta serie y su gran Juanito Santiuste “Confusio”, autor de una /Historia lógico-natural de España/? ¿Al periodista Tito Liviano de la quinta, que dijo de sí mismo que era un “queso de múltiples y variadas leches”? Hace tiempo que digo que hay que volver a Galdós. Al Galdós de Luis Cernuda, Max Aub, don José F. Montesinos…Al Galdós que ha reivindicado recientemente Rafael Chirbes:

“No me gustan las novelas con un bagaje sentimental que sirven para crear un rebaño político fácil de movilizar por los sentimientos. Esa literatura llena de viudas mártires muy buenas, de republicanos en las cunetas y chicas asesinadas, me parece la peor, y es contra la que se moviliza la mía; son novelas que convierten los sentimientos en cajas de votos. La literatura que se rebela contra el lenguaje cliché es incómoda por fuerza; no sé si mejor o peor, pero más interesante. Ser de izquierdas no es hacer mártires republicanos, sino contar lo que está pasando hoy, meter el bisturí en la realidad. Menos bobeo de memoria histórica y más aprender a pensar; más leer a Galdós, que no es el bobalicón que nos han vendido, sino un escritor durísimo”.

Para que vaya haciendo boca sobre Tito Liviano, le paso este fragmento de Amadeo I:

“Reservo por ahora mi verdadero nombre, y entre los diferentes motes que suelo usar en mi labor periodística, escojo el más adecuado, que es también el más breve: Tito.
Si queréis saber algo de mi ascendencia os diré que es un extraordinario ciempiés o cienramas. Por mi padre tengo sangre de los Pipaones y Landázuris de Álava, absolutistas hasta la rabia, y sangre de los Torrijos y Porlieres, mártires de la Libertad. Mi madre me ha transmitido sangre de verdugos como González Moreno y Calomarde, sangre de Zurbanos, y aun la de fieros demagogos, ateos y masones. Mi abolengo es, pues, de una variedad harto jocosa. Yo, con paciencia y saliva, quiero decir tinta, he reconstruido mi árbol, y en él tengo señoras linajudas, títulos de Castilla, que casi se dan la mano con logreros y mercachifles de baja estofa; tengo un obispo católico, un cura protestante, una madre abadesa, dos gitanos, una moza del partido, un caballero del hábito de Santiago y varios que lo fueron de industria… Soy, pues, un queso de múltiples y variadas leches. Debo declarar que de la heterogeneidad de mis fundamentos genealógicos he salido yo tan complejo, que a menudo me siento diferente de mí mismo.”

Un saludo,
Teresa Barjau

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Correspondencias /Corona
Estimado Sr:

Me agrada mucho escribirle, Arcadi. Leo sus artículos a diario, me gusta porque tiene imaginación y rigor científico.

Yo soy físico ( o física). Comentaba usted que hay más científicos no creyentes, y que son mejores. Hoy, en cualquier colectividad humana, los no creyentes son más. Que sean mejores en su actividad profesional, yo no tengo datos para afirmarlo.

La revista Investigación y Ciencia publica que cada vez son menos los científicos religiosos. Curiosamente, el número de creyentes es notablemente mayor entre los físicos que entre los biólogos.

La Biología es una ciencia descriptiva, apenas hay en ella abstracción. Contrariamente, la Física requiere una capacidad de abstracción muy considerable. En la jungla de enzimas y proteínas parece perdese la investigación biomédica. Parece navegar sin rumbo, por falta de una intuición penetrante de la realidad, de un esquema mental potente que ponga orden en el caos.

Pero probablemente sea arriesgado establecer una relación entre la abstracción y la fe.

Un atento saludo:

Corona

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Correspondencias /Antonio Donaire

Estimado Sr.Espada:
A propósito del comentario de la física Corona, indicarle que, en el estudio que creo que cita (Investigación y Ciencia, febrero, 2008, “Evolución, religión y libre albedrío”, subtítulo “¿Qué piensan los biólogos sobre el mode en que se relacionan religión y evolución”) no observo ninguna comparación entre biólogos y físicos. Sí que se dice, referida a una encuesta de 1998 entre miembros de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense (NAS), lo sigiuiente: “Sólo un 10 por ciento de los científicos encuestados creían en Dios o en la inmortalidad; el porcentaje descendía hasta un 5 por ciento entre los biólogos”.
Es decir, la comparación se establecen entre científicos en general y biólogos, no entre físicos y biólogos.
El estudio original (que cita el artículo del Investigación y ciencia) lo puede encontrar aquí y ahí se dice:
“Biological scientists had the lowest rate of belief (5.5% in God, 7.1% in
immortality), with physicists and astronomers slightly higher (7.5% in God,
7.5% in immortality).”
Más aún, se dice: “Disbelief in God and immortality among NAS biological
scientists was 65.2% and 69.0%, respectively, and among NAS physical scientists it was 79.0% and 76.3%.”

Es decir, que si la referencia a la que hace mención la Sra. Corona es la que creo, me parece incorrecto el dato que cita. Y la consecuencia que se deduce es libre, pero no estaría fundada en tal (inexacto) dato. Yo, personalmente, opino lo contrario a lo que ella dice (sólo una opinión).
A mí, lo único que me sorprenden de estos datos es que exista un pequeño porcentaje de científicos (pequeño, pero no nulo) que creen en la inmortalidad, pero no en Dios. Es decir, que lo que les vale es que ellos sean eternos. Son (somos, yo soy químico) científicos, pero ante todo humanos. Nos da igual que exista Dios, lo que queremos es no dejar de existir.

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Correspondencias /Corona
Estimado Sr:

Agradezco al señor Antonio Donaire su información acerca del estudio sobre científicos y creencias al que yo me había referido. Por supuesto acepto la corrección que me hace sobre los datos en él referidos.

Reconozco mi precipitación, muy poco científica.

Corona

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