22 de marzo
La esposa del presidente de la República francesa ha escrito un artículo que no podrá olvidarse sobre el cierre judicial del asunto del falso sms. En primer lugar porque se trata de un artículo de la esposa del, etcétera. En segundo, por lo que tiene de plantar cara a la vida, lo que en taurino se llama coger el toro por los cuernos: es probable que la historia del sms que anunciaba la intención de “anularlo todo” si Cecilia volvía, fuese divulgada con la intención de perjudicar al presidente; pero es obvio que la esposa era la principal humillada. Por último, el artículo no podrá olvidarse por la gracia, la ironía y el rigor con que está escrito y porque sus 799 palabras dictan una lección fundamental de periodismo. No me gustaría que esta característica se pasara por alto: estoy dispuesto a demostrar que esas palabras valen por todas las reflexiones deontológicas que hizo un Kapuscinsky, por poner alto y blanco ejemplo. Que la señora Bruni-Sarkozy las haya prendido en la solapa del legendario y altivo Nouvel Obs es la última y más hiriente lección periodística que se desprende del caso.
Ni una sola de las palabras del artículo pueden ser identificadas con la perezosa y capada langue de bois con que las figura públicas afrontan sus conflictos. Para empezar la señora Bruni aclara que el respeto a la vida privada (un biombo fácil) no es la cuestión. La época reclama que ese respeto se afloje, admite. No. Lo que está en cuestión es el método periodístico moderno. El redactor del Nouvel Obs admite que nunca vio el sms (“pour cause!“, remacha la señora Bruni con despiadada suavidad. Y sin embargo lo presentó como un hecho. La cuestión de que el sms existiera o no empalidece ante el hecho capital del método: registrar como hecho un mero quelqu’un m’a dit, como con tanta ironía autobiográfica denomina la señora Bruni al rumor. La autora va también a lo hondo en su análisis del atrevimiento del Nouvel Obs. No pensaron que el presidente fuera a querellarse. Lo insinúa la característica reacción socialdemócrata, de ampararse uno (y su mal intransferible) en el grupo: “El presidente ha buscado una excusa para intimidar al periodismo”, dijeron. El desprecio que le inspira (que nos inspira) la estrategia sólo puede apreciarse con el fraseo francés: “Mensonge, sottise et mauvaise foi”. (Mentira, estupidez y mala fe.)
El final del artículo es muy inspirado. No porque aluda, un punto tópicamente, a Beaumarchais y a la calumnia, ese tourbillon que el sutil Rossini veía despuntar como un venticello en el aria genial de El barbero de Sevilla. No, lo importante afecta al papel de los periodistas respecto de la calumnia. La calumniosa tradición los hace sus diseminadores principales. Pero el artículo de la mujer del presidente de la República es terminante: frente a la calumnia, el periodismo es la única esperanza de resistencia.
¡Oh!
(Coda: “Jamás recibí ese SMS”. Con estas palabras, la ex esposa de Nicolas Sarkozy, Cécilia Ciganer-Albéniz, ha desmentido la información divulgada por la web de Nouvel Observateur” (De los periódicos)




