22 de febrero
No suelo compartir los entusiasmos, tantas veces provinciales, sobre la prensa extranjera. La prensa extranjera fue durante el antifranquismo uno de los grandes mitos españoles y su prestigio se mantiene de un modo sospechosamente acrítico. Hay gente que aún sostiene que la verdad sobre España se cuenta en los periódicos de fuera y el último episodio fue el de la matanza de Madrid. Aunque la prensa extranjera sólo repitió en los días infames lo que el ministro Acebes iba explicando, algunos chicos jóvenes, mas idiotas, sostenían que sólo en ella estaba la candente verdad. Al acabar el juicio, por cierto, y para acabar su faena, la prensa extranjera subrayó en demasía que no se había dado con el autor intelectual, porque la prensa extranjera tiene una gran debilidad por el señalamiento de las incapacidades españolas.
Espero que la benevolencia esté captada. Porque dudo seriamente que durante la campaña electoral se pueda leer algo mejor sobre España y en España de lo que acaba de escribir Cécile Chambraud, la corresponsal del periódico Le Monde. Una pieza breve, de apenas novecientas palabras, seca y seria, donde a partir de algunos rasgos (fundamentalmente económicos) de la vida de una pareja madrileña se describe la gran mentira autóctona, esto es, el Estado del Bienestar español. Los números de la pareja (Rosa Márquez y Jorge Heras: pura clase media, empezando por la edad cuarentona), él abogado, ella médico, se resume en los 3.781 euros mensuales con que viven y crían a sus tres hijos. De la crónica aprecio especialmente un rasgo: su grisácea voluntad de normalidad. Incluye hasta el toque de la fortuna: la pareja vive en un piso que le regalaron los padres de él. Si no fuera por eso debería conformarse con unos 2.500 euros. Tres hijos pequeños. Un seguro médico privado, como es habitual en la clase media: “Para evitar retrasos y acudir a especialistas sin pasar por el trámite del médico de cabecera”, dice la doctora. ¡Y a esperar que no les salgan hijos miopes o con dientes de alambre! Sin guarderías públicas. Sin ayudas para canguros. Sin subsidios por familia numerosa dignos de tal nombre.
Esta nota periodística no está tocada por la sangre, las lágrimas ni por ningún otro extremo. Habla de la mayoría de los españoles (o más bien de la élite de la mayoría, que no es lo mismo que la élite a secas). Gentes que han tenido una larga formación, culminada en la Universidad, que han dedicado muchos años a abrirse camino, que han nacido aquí y que cuentan con el apoyo muy fértil que dan las raíces. Habla de quien no suele hablarse en los periódicos. Cualquier clase media cree recibir menos de lo que da. Hasta un punto tan general que debe de ser cierto. En España hay más razones que en otro lugar para pensarlo y para clamar al cielo. Pero éste es un país que ha desarrollado un furioso sentimiento antiburgués, cuya razón última y paradójica es la sostenida inexistencia de cualquier burguesía.
(Coda: “Aux Etats-Unis, nous serions millionnaires”, plaisante Rosa. Le Monde, 21 de febrero del 2008)
La vie sans filet d’une famille espagnole de “niveau moyen” dans un Etat social faible
LE MONDE | 20.02.08




