8 de febrero

En adopción

El sistema hace hablar a los políticos de modo incesante y los convierte en presa fácil. Y demasiado frecuentemente se olvida que los políticos son el eco de razonamientos divulgados por intelectuales más o menos remotos que no suelen rendir cuentas del carácter analfabeto, delirante o maligno de algunas de sus propuestas. Mientras que el político encaja sarcasmos e insultos el intelectual recibe cátedras, derechos de autor y, como máximo castigo de sus vacuidades, una prestigiosa refutación. Así los señores Chaves y Rajoy, que acaban de lanzar propuestas luminosas en materia lingüística (uno abriendo departamentos de lengua vasca en Osuna y el otro sugiriendo una ley que obligue a los inmigrantes al conocimiento de la lengua castellana) han empezado a ser vapuleados con la piedad que caracteriza toda campaña electoral. Sus proyectos, desde luego, tiene mala defensa; pero no dejan de ser la herencia regurgitada del prestigio, acrítico y general, del multilingüismo. Véase si no lo de Maalouf.

El autor de las Identidades asesinas (un título que si algo significa es el puro pleonasmo) acaba de redactar un documento, suscrito también por un grupo de intelectuales europeos, que localiza la salvación económica, política, cultural y moral de Europa en la necesidad de que los ciudadanos del continente se avengan a incorporar a su bagaje respiratorio lo que llama la lengua adoptiva. El plan Maalouf diseña un europeo que a su lengua materna y a su lengua de comunicación internacional añada una lengua escogida entre cualquiera continental en razón de las puritas razones del corazón. Dice que así todo irá bien.

Puedo asegurar que los 32 folios de este documento son un caso verdaderamente aparte en la producción intelectual subvencionada y que es difícil hallar un cúmulo de sandeces por palabra comparable. El buen señor Maalouf propone que los europeos pasen la vida aprendiendo lenguas hasta que sean perfectamente capaces de decir mu. La moral que lo anima es pura superstición, poco novedosa: sólo que el animismo lingüístico ha alcanzado, con la adopción lingüística, un sórdido punto de beatería. Pero lo peor viene con las cuentas: al buen señor Maalouf le tomaría más trabajo cuadrar con la realidad uno sólo de sus párrafos que adoptar a sus años, y con su morfología cultural, el chino pínghuà. Por eso yo, entre los líricos, siempre prefiero los que versifican: al menos cuadran sílabas y cadencias a diferencia de los especialistas del verso libre y el full credit.

Los políticos comen lengua. Es su dieta. Pero detrás siempre hay alguien que se la cepilla, se la escalda y se la pela.

(Coda: “Las relaciones bilaterales entre los pueblos de la Unión Europea deberían tener lugar más bien en las lenguas de estos dos pueblos y no en una tercera lengua. Esto implica que cada una de las lenguas europeas tuviera, en cada uno de los países de la Unión, un grupo significativo de hablantes competentes y especialmente motivados”. Amin Maalouf, Un reto provechoso.)

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Coincidiendo con Hitler y Goebbels





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