1 de febrero
Un portavoz nacionalista se niega a condenar el llamado Holocausto, es decir, la destrucción nazi de los judíos europeos, porque el documento, que trataba de obtener el acuerdo de todos los grupos del parlamento gallego, no incluye la condena del actual estado de Israel. La actitud del portavoz es vulgarmente racista. Dejemos a un lado la obvia inmoralidad de la comparación: sea cual sea el juicio que merezca la política del Estado de Israel es evidente que ninguno de sus líderes ha decidido el exterminio sistemático de determinados individuos en razón de su filiación étnica o religiosa. Pero lo más siniestro del razonamiento del portavoz es su previsión implícita: los padres judíos asesinados sólo recobrarán su dignidad cuando los hijos reconozcan que han sido a su vez asesinos. Al portavoz, en efecto, no le importa en absoluto que sean personas distintas las que murieron en Auschwitz o las que matan en Gaza. Al portavoz le importa la responsabilidad de la raza: y detecta un espeluznante equilibrio entre asesinados y asesinos que debe ponerse de manifiesto. Su actitud, que refleja perfectamente la estructura mental de un nacionalista, guarda una terrible simetría con la del judío que considera que Auschwitz redime a su pueblo de todos los crímenes futuros y que considera un simple arreglo de cuentas de la historia que la venganza contra los nazis se materialice en el cuerpo de los palestinos.
La actitud del portavoz, sin embargo, es exponente de algo más, muy típicamente español. La laxa conciencia del genocidio. No hay otro país en Europa donde se tenga una percepción tan liviana de las atrocidades nazis y donde se asimile su naturaleza a la de cualquier otro crimen. Las resistencias del portavoz no son una anécdota. No lo son, tampoco, que en un foro nacionalista catalán (concretamente el de www.estat-catala.net) un delincuente prescriba esta frase: “Boadella, a la cambra [cámara] de gas”, sin que aparentemente le pase por la cabeza las consecuencias penales que puede tener esta frase. Nazis sigue habiendo en muchos países europeos; pero no creo que en ningún otro lugar haya tantos nazis sin conciencia de serlo. El débil reflejo del genocidio está vinculado a la Guerra Civil (los muertos propios y próximos ocuparon un gran espacio en la memoria) pero también a la Dictadura, que acabó por aniquilar la la herencia común europea. La Península Ibérica fue el único lugar de Europa donde los nazis no fueron vencidos. Hoy siguen gozando de un gran respeto técnico.
(Coda: “Porque necesariamente pensar Europa, es pensar la Shoah; o pensar la Shoah es pensar Europa. El pensamiento genocidiario nazi podía haber terminado destruyendo nuestro continente pero, a su vez, la conciencia del desastre ayudó a los pueblos europeos a unirse.” Miguel Ángel Moratinos, Día Oficial de la Memoria, 24 de enero de 2008)


