30 de diciembre de 2007

Cuenta Michael Sandel en Contra la perfección el caso de una clínica de Virginia que ofrece, legalmente, la posibilidad de elegir el sexo del embrión, con un porcentaje de éxito que va desde el 76% (niños) hasta un 91% (niñas). Lo interesante es que la empresa pone condiciones: “Aquellos que tienen más hijos que hijas pueden escoger una niña, y al revés. Pero los clientes no pueden usar la tecnología para acumular hijos del mismo sexo, o siquiera para escoger el género de su primer hijo”. Como tantas otras veces a lo largo del libro Sandel no sabe muy bien qué decir ante la  contundencia de lo real. Sus amables, elegantes, pero no menos reaccionarias filípicas contra el perfeccionamiento, apenas esconden una temerosa desconfianza ante los proyectos de los hombres. Todo su libro tiene un aire pastoral (y pastoril), heredado de la tradición católica, en particular, y de la religiosa en general: los hombres deben ser pastoreados. He aquí, sin embargo, que una empresa sin más intención (¡ah, ah!) que la codicia decide limitar las posibilidades de beneficio en orden a criterios de sostenibilidad… moral. Sin que la ley le fuerce a ello, y sólo pensando, claro está…, ¡en el negocio a largo plazo! Es evidente que los moralistas debieran tener más en cuenta este tortuoso aspecto de la naturaleza humana, que va derechita al sucidio de la especie (¡claro está!), pero de una forma lenta. Lo que, por otro lado, ya aventuró Brassens, el anarquista: “Mourir per les idees, d’accord, mais…”


El escueto titular de portada de El País, con motivo de haberle nombrado personaje del año: “El Rey se defiende”. Como tantas otras veces una pudorosa operación socialdemócrata de enmascaramiento del titular verdadero: “Defendemos al Rey”.


Esta fe de errores de El País, que explica tan bien lo que es un periódico: “En el suplemento Domingo que se publica hoy se dice que Jesús de Polanco falleció el 21 de octubre de 2007. En realidad murió el 21 de julio de ese año”.


Correspondencias /Daniel Gamper

Estimado Sr. Espada,
como tantos otros sigo su blog con asiduidad.
Lamento que no haya desarrollado en la entrada de hoy sus tesis contra el libro de Sandel, con el que estoy bastante de acuerdo a pesar de que no creo ser una “alma bella”, sino más bien un conservador en ciernes.

Veo que, a propósito del atentado en Pakistán, intenta meter la crítica como sea, pero no me cuadra. ¿No estaríamos hablando en el caso de la “defensa genética” (expresión que no logro comprender) de una terapia y no de una mejora? Es una pena que lo haya dejado en un par de alusiones y espero que retome el tema.
Aquí expongo algunas ideas del libro con las que supongo que no estará de acuerdo.

Un saludo cordial,


Correspondencias /Diego Salazar

“La normalización ciudadana de una serie importante de personas que son musulmanas, y que no desean dejar de serlo, entraña asumir un componente humano y una identidad que hoy día ya forma parte de la personalidad europea. Lo que no significa que desde esa identidad se dejen de aplicar los principios que el Estado de derecho impone. La primera premisa nunca debe excluir a la segunda. Y como la encuesta que aquí comentamos muestra, no se piensa que así deba ser. Por el contrario, emigran porque también desean vivir mejor en sociedades democráticas.
El respeto y la igualdad ante la ley son el mejor modelo de integración. Por ello, no perdamos la perspectiva de que, por el contrario, el caldo de cultivo para el odio y la radicalización son la discriminación, el rechazo y el desprecio hacia la cultura e identidad de un pueblo.”

Gema Martín Muñoz
es directora general de Casa Árabe.

Aqui hay algo que no entiendo, y quiero ver si tu entiendes: Que es lo que hacemos cuando ciertas practicas realizadas bajo el amparo de esa “identidad” chocan con ese mismo estado de derecho que garantiza la existencia y sostenimiento de esas sociedades democraticas en donde tanto no musulmanes como –segun se extrae del texto de la directora Martin Munoz– musulmanes desean vivir, donde, en efecto, se consigue “vivir mejor”???
Lejos de la islamofobia y del patetico espiritu espantaviejas que recorre, por ejemplo, el video de CIU, a mi me preocupa que bajo el amparo del “respeto” a una “cultura”, a una nina no se le niegue el derecho y el deber a la educacion que la ley sancione. Lejos de la islamofobia y del patetico espiritu espantaviejas que recorre, por ejemplo, el video de CIU, que no se respete el derecho de una mujer a vestir de la manera que mejor le parezca, que no se le permita conducir en particular, ni decidir por si misma en general. Lejos de la islamofobia y del patetico espiritu espantaviejas que recorre, por ejemplo, el video de CIU, a mi me preocupa que un colectivo humano crea y reivindique que quienes “ofendan” sus creencias son merecedores de algun tipo de castigo.
Yo, como tu y tantos otros, soy ateo, y opino, al igual que tu, Dawkins, Dennet o Hitchens, que la religion es perniciosa, pero soy ademas consciente de que esa es una guerra mas grande que no podemos pelear ahora mismo, o, mejor dicho, opino que hay batallas mas urgentes, mas inmediatas, que debemos pelear para terminar, en un futuro espero no muy lejano, ganando la mas grande. Y una de esas batallas, si no la mas importante, suerte de resumen de todas las demas, pasa por defender un modelo de sociedad y de estado en el que se garantice “el respeto y la igualdad ante la ley” de todos sus miembros, todos sus ciudadanos, que, como bien dice la directora Martin Munoz, es el “mejor modelo de integración.”
Eso si, me permito corregirla, siempre a la directora Martin Munoz, porque contrariamente a lo que senala al final de su texto, “la discriminación, el rechazo y el desprecio hacia la cultura e identidad de un pueblo” no son lo contrario a “el respeto y la igualdad ante la ley”, lo contrario seria la discriminacion, el rechazo y el desprecio hacia los individuos, hacia los ciudadanos, vengan de donde vengan, profesen la religion que profesen o no profesen ninguna. Ese es el problema.

Un abrazo

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