28 de diciembre de 2007

Esas braguitas y el presidente de Francia
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Iba a escribir en contra del libro de Michael Sandel (se llama Contra la perfección, pero en realidad está en contra del perfeccionamiento) cuando explotan en la pantalla los cadáveres de 16 personas destruidas por una bomba en Rawalpindi, ciudad de Pakistán. Entre los cadáveres está el de Benazir Bhutto. Cuando dicen que el terrorismo no tiene fronteras quieren decir que todos los cadáveres estallan al lado de casa, en una gran plaza que abraza Rawalpindi y Barcelona. El protocolo del asesinato parece haber sido el habitual. Un hombre se adentra en la multitud que asiste a un mítin de la líder de oposición pakistaní y hace estallar una bomba adosada. Cuando el asesino está dispuesto a matar con su vida es muy difícil detenerle. Aparto el libro del cura párroco y su tesis principal contra la intervención genética, esto es, que la vida es un don y no nos pertenece. Es una discusión interesantísima, pero han matado a Bhutto, que era una mujer laica en tierra de fieles. La intervención genética abre un nuevo Renacimiento, una nueva etapa optimista sobre las posibilidades del hombre. Es lógico que los curas medievales (incluso los ponderados y afables, como este Sandel), invoquen el temor de Dios, por más que pretendan enmascarar su religiosidad y sustituir a Dios por la Naturaleza o eufemismos de parecida índole. El Renacimiento convive con este imperfecto tipo/bomba que acaba de actuar. A esta horas se preparan los obituarios y más de uno insistirá en el complejo perfil de la mujer asesinada. Sí, todo el mundo tiene más de una vuelta. Depende del escriba, la convicción se troca fácilmente en ambición. Espero que Sandel, ante los cadáveres de cualquier matanza, no se atreviera a dar por certificada su metafísica: la vida es un don, y no tenéis derecho a arrebatarla ni arrebatárosla. Porque hacer eso sería comparar a un genetista con un terrorista. Por el contrario, ya que ni Dios ni la Naturaleza ni el Azar han sido capaces de evitar que mataran a Bhutto, es urgente que el hombre se encargue de su defensa. Incluida, por cierto, las variedades de defensa genética, que tantos estremecimientos provoca entre las almas bellas. Aparto definitivamente a Sandel y me acuerdo de otro libro. Del que llamábamos Hans Magnus. Se titula El perdedor radical y es de una liviandad suma, pero tiene un párrafo inolvidable sobre los apuros y molestias que pasa el buen burgués cuando le obligan a desnudarse en los controles aéreos. ¡Mi libertad, mi libertad!, va exigiendo a grititos. Acaban de matar a Bhutto. Otra que ya no va a poder elegir entre la libertad o la vida.
(Coda: “Alrededor de 1.700 millones de pasajeros de avión tienen que soportar año tras año cacheos tan penosos como humillantes. Por otra parte, también es de compadecer el personal de seguridad que tiene instrucciones para incautar, con cara de seriedad, toneladas de tijeras de uñas”. (Hans Magnus Enznesberger, El perdedor radical, Anagrama 2007)
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Correspondencias /Diego Salazar
En Ucrania les parece reprobable, aquí es progresista.


