14 de diciembre de 2007
Se vuelve a escuchar con el diputado Rubalcaba, ayer de Cádiz y mañana de Cantabria, la vieja canción cunera. Un cunero es un expósito; un hombre que viene de la cuna y no del vientre. Así, un diputado cunero es un expósito de la provincia; es decir, alguien que dejaron allí, pero que no tiene carta de naturaleza allí. El cunero es puro personaje de la Restauración y el caciquismo. Los gobiernos enviaban a sus protegidos a luchar en las circunscripción electorales fáciles, sin que importara la vinculación del protegido con ellas. Es interesante la supuesta contradicción ontológica entre el cacique (un sinvergüenza muy de la tierra) y el cunero; y cómo se resolvía con la sólida alianza que traban cómplices distintos de la misma farsa.
La Restauración y la farsa pasaron, pero la palabra quedó colgando de la brocha, como los cartelistas de Gil Robles cuando se les llevaban la escalera. Ahora, en un sistema que poco tiene que ver con el de la Restauración (ni tampoco, por cierto, con el distrito electoral inglés) se le sigue llamando, agria y peyorativamente, cunero al diputado que se presenta a la elección en un lugar distinto de donde vive. El ejercicio es una nueva prueba (por si faltaran) de las limitaciones locales de la política y la retórica. Responde, desde luego, al infeccioso cuadro nacionalista que atraviesa la política española. Se deriva de un muy anacrónico punto de vista sobre lo real, que asume la globalización, pero siempre que se refiera a las pautas comunes entre Nueva Delhi y Albacete y no entre Santoña y El Puerto. Y revela una preocupante incomprensión de los mecanismos de representación parlamentaria, que confunde un diputado a Cortes con un concejal de Movilidad. Pero, sobre todo, la carga contra el cunero describe la desconfianza, lindante con el cinismo, que los ciudadanos proyectan sobre los políticos. En realidad que un ministro o cualquier otro pez gordo tomara una provincia sólo podría ser motivo de satisfacción para los provincianos. (Todos somos de alguna provincia y lo único que hace el llamado centro de la nación es ofrecer un césped ancho y bien segado donde competir) ¡Al fin vamos a votar a alguien grande!; eso es lo que debieran decir ante la nueva. Pero por desgracia el pueblo soberano no advierte que concurran especiales méritos intelectuales, políticos u organizativos en sus representantes. Hace mucho tiempo que el mérito ha dejado de ser la razón principal de que un hombre represente a otros hombres. Es así que asegurada la mediocridad inexorable, el pueblo soberano rezonga acre e intestinal: “¡Al menos que sea de aquí!”.
(Coda: “Mientras Carrillo empleaba en servicio de la humanidad su inteligencia, yo ¿qué hacía? Corromper la familia, abrir escuelas de escándalo y dar malos ejemplos. Aún podía llevar mucho más lejos la comparación siempre en perjuicio mío. Yo era diputado cunero.” Benito Pérez Galdós, Lo prohibido. Wikisource)
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En esta vida, nomás
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Ya se ve lo que sucede cuando a una musa se le da la palabra
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Correspondencias /Juan Abreu
Querido Arcadi, leyendo en tu blog la atrocidad perpetrada por Ana Belén recordé este capitulito de mi libro Gimnasio. Sé que seguramente resulta demasiado irreverente para tus lectores; te lo mando para que veas que también a mí me inspiró la Musa, y porque quizás te divierta. Abrazos.
Hoy casi tropiezo con Ana Belén. Venía subiendo por Paseo de Gracia porque había ido antes a la librería La Central. Estaba llegando a Diagonal, al monumento erecto en la Plaza Juan Carlos I.Todos los monumentos son siempre fálicos. No existe un monumento vúlvico. La historia de los monumentos erigidos por la civilización occidental puede resumirse como una permanente exaltación de la pinga. ¡No existe una exaltación de la vulva en la civilización occidental! La Avenida Diagonal es una prueba fehaciente de lo que digo. Basta pasearse por allí para comprobarlo.
Aunque… ahora que lo pienso bien: ¿qué son los edificios de Gaudi sino enormes monumentos a la vulva? Culto evidente a los pliegues vúlvicos en sus derrames de piedra. Monumentos concebidos a la vulva, levantados, ¡qué ironía!, por un católico de horca y cuchillo que apenas vio una en toda su vida. Por eso lo obsesionaban, porque se reprimía cruelmente. Formas de inspiración naturalista, dicen los estudiosos, pero para mí ¡de súbito! está muy claro el punto exacto de la Naturaleza que servía de inspiración al genio.
¡Por fin he encontrado la secreta raíz de mi fanática admiración por la obra del gran maestro de Reus!
Siempre compro los libros en La Central, porque es la mejor librería de la ciudad, y porque son los que mejor gusto tienen al escoger a las empleadas. Hay una niña de miel allí de las que te impiden articular palabra; y otra que siempre está en la computadora pero que no sé como ve la pantalla con las tetas que tiene.
Pues iba dando grandes zancadas camino del gimnasio (después de cierta hora se llena demasiado y no me gusta hacer fila para usar los aparatos) y de pronto venía hacia mi Ana Belén. Más pequeña, más delgada, más fea, más muy poca cosa de lo que imaginaba. Aminoré la marcha.
Siempre pasa lo mismo. Ves a una de estas mujeres en el cine o en fotos de revistas y se ven buenísimas pero cuando las tienes delante no te la ponen tiesa ni aunque te la mamen.
Aquí está Ana Belén y resulta que es un esperpento. Una especie de calamar operado. ¡Qué decepción! No se la sacaría a Ojos Bellos del culo, o de la boca, para metérsela a ella.
Una vez por poco me hago una paja con una película donde salía medio encuera Ana Belén, pero después la verdad es que no me alcanzó ni para una paja. No fue culpa de ella, todo hay que decirlo. Sucede con frecuencia, alquilas una película para hacerte una paja, digamos con Victoria Abril o Maribel Verdú, y no hay material suficiente para terminártela. Una cosa es segura, los directores de cine no tienen en cuenta a los que nos gusta hacernos pajas con nuestras actrices favoritas. Las escenas calientes son siempre muy cortas.
Aquí está Ana Belén, a dos pasos, y la idea de chupársela me provoca ganas de vomitar. ¡No puedo creerlo! Me gustaba muchísimo Ana Belén, a pesar de que la recordaba allá en Cuba, de joven (ahora parece que tiene ochenta años), oliéndole el culo a Fidel Castro con el marido que canta todavía peor que ella. Una pareja de oportunistas sacándole lasca a su izquierdismo, pensaba en esa lejana época, luego ya no me importó; pero lo que nunca imaginé es que un día la tuviese frente a mí y que Ana no valiera ni para darle un pingazo. Y eso que seguro se ha estirado tanto los pellejos que debe tener el ombligo entre las tetas.
Ahora, mientras escribo, me pasa por la cabeza que casi sería mejor darle un pingazo al marido, que canta horrible, mucho peor que Ana, pero que tiene mejor culo. Esa es la verdad.
Casi tropiezo con ella. La miré asombrado. Pasó. Volví el rostro y por poco me desmayo ante la visión de aquel culito esmirriado, patético. Lagartíjico.
Por suerte lo primero que vi cuando llegué al gimnasio fue a La Vikinga.
Al instante me reconcilié con el género femenino.
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Correspondencias /Aulet
En veinte años de profesión, no recuerdo dos incendios en hospitales “de tercer nivel” en menos de seis meses ( Vall d´Hebron y Can Ruti de Badalona hoy mismo). Y he trabajado en los dos. Debe de ser casualidad. Nunca sabremos si es por un insuficiente mantenimiento mientras el dinero se gasta en saber en qué idioma hablan los pacientes. !Bochorno! Los pacientes (e incluso algún médico) entrevistados por TV3 hablan en castellano. ¿Será posible que no hayan encontrado ningún testimonio en catalán, para cumplir las normas de la casa?. Un directivo del hospital, megáfono en mano, daba instrucciones desde la escalinata de la entrada. !Cómo debe haber sido la realidad para que lo presenten así en la televisión oficial! (Hace días un periodista de esa tele confesaba en privado- siempre en privado- que no ve su propia cadena pues sabe de su falsedad por la presión sectaria que recibe a diario. Él llama a los Telenoticies “el NODO”.)
!Qué feliz me siento de pagar impuestos y de contribuir a esa Nación!
Sanidad y Educación son las trasnferencias más antigüas (más de 25 años). Informes PISA, Fundación Jaume Bofill y ahora esto. No es posible que algo que vaya mal no sea culpa de “Madrid”. Como decía Vd en “Derecho al aborto” han tenido todo el poder para decidir en qué se gastaban el dinero. Y esto acaba de empezar…


