27 de noviembre de 2007


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No mueras por amor. Toda la estulticia de la juventud en este imperativo patético de los jóvenes antifascistas, colgado en los muros. La candorosa incomprensión de que el amor es también maligno. Y su resultado: la prohibición de usar el único verbo lógico: no mates por amor. Les resulta incomprensible a los pobrecitos. Y otro resultado: la curiosa culpabilización de las víctimas. No mueras por ser español, tal ejemplo. El cartel, sin embargo, sólo es la elongación de los juristas y particulares que quieren impedir que un acosador vuelva a vivir con su víctima cuando ésta lo acepte. Muy pronto van a declarar oficialmente prohibido el suicidio.

La hipótesis de que los sueños son sintaxis averiada, bad clusters. Su formalización preciosa ayer, al salir de uno con estas palabras en la boca: pote, César, así, un.

 

Un diagnóstico técnico

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