26 de noviembre de 2007

No acabo de entender buena parte de las cuestiones sucitadas en torno del Kindle y el libro digital. Es puramente extraordinario que, por ejemplo, se refieran a él como el ipod de los libros. ¡Como si el ipod no llevara libros, perfectamente susurrados! No sólo eso, bien sûr. Cualquier artefacto que pretenda la sustitución del libro deberá contar con su principal característica. El libro es móvil. La movilidad es el rasgo básico del cambio digital. El ipod triunfa porque es la sofisticación extrema del refrán. Con la música a otra parte. Bien sûr, bien sûr. Lo mismo sucede con los periódicos: para aproximarse a los niveles de ojeo de la experiencia informativa digital habría que hojear cada día tres kilos de periódicos (a doscientos cincuenta gramos de media). Mi Nokia 95, todo un caballero perfectamente conectado, pesa 120. Se dice que en un e-book caben trescientos libros. Y qué me importa. En primer lugar nunca necesito llevar encima trescientos libros. Nunca y tampoco cuando voy en el metro. En segundo lugar, trescientos libros son muy pocos. En mi Vaio de viaje, un sherpa perfectamente conectado, llevo decenas de miles. Incluso un Racine que cruje. Mi sherpa sustituye cada vez más a mi moleskine (trescientos cuarenta gramos), es decir, funciona y muy útilmente como un cuaderno. En las conferencias es fantástico: me indica el guión y a la horas del turno de discursos (también llamado de preguntas) consulto con fruición el correo (y a veces incluso lo respondo). El peso del sherpa es sólo el doble de Río Arriba, las memorias de Gonzalo Fernández de la Mora, libro de tipo medio, sólo tres centímetros más ancho y más largo, y aproximadamente del mismo grosor. Leo mucho con mi sherpa, en los hoteles. Y le cargo manuscritos (¡sin que aumente su peso!) cuando es necesario. Como el libro es un objeto móvil, también me acompaña en los viajes. Siempre tengo con quien acostarme. Mi sherpa podría reducirse y aligerar el peso. Lo hará. Podría diseñarse para que se abriera exactamente como un libro, con dos pantallas. Una de ellas podría albergar un teclado digital, como creo que se hace ya en el iPhone o similares. Cuando se minituarice en torno de los trescientos gramos, totes les misses estaran dites. Ahora bien: no será un libro. Como un ipod no es una radio. Ni un tocadiscos. Como una web no es un periódico. Ni un blog un diario. Durante bastante tiempo yo seguiré con mis libros, porque todo es insufriblemente lento, y mucho más en los países descabellados, y porque a mí me gustan los libros y los ligueros, el vino dulce y la música de Verdi. Pero cuando me dicen que el libro es insustituible me tengo que calmar y no decirles que como cualquier muerto.


