23 de noviembre de 2007

Opción personal

Yo soy un gran partidario de los privilegios. Y aunque difícilmente seré creído suelo mirar a los privilegiados con simpatía antes que con resentimiento. Pienso, igualmente, que los políticos han de tener privilegios y han de estar bien pagados. Como pienso que su capacidad debiera ser evaluada de un modo mucho más riguroso, y no sólo por los aparatos de los partidos. Pero entre sus privilegios no deben contarse ni la posibilidad de saltarse el control de seguridad en los aeropuertos ni la práctica impune de la hipocresía social. Viene a cuento de don José Montilla, que lleva a sus trillizos a colegios privados. “Es una opción personal”, ha dicho. Las implicaciones de semejante bobada son obvias: las opciones personales y políticas del líder socialista no concuerdan. Ni respecto a la escuela pública ni respecto a la obligación de un cierto nivel de competencia en lengua catalana, que exige a los funcionarios de la Generalitat, pero que él no alcanza. ¡A ver cuándo en esos programas del pueblo y para el pueblo le hacen un dictado en lengua catalana al Presidente! Del tono moral de sus principios hay un sucinto resumen en el refranero: “Haz lo que yo diga y no lo que yo haga”.Sin embargo, apostarse aquí rozaría la banalidad. Lo importante es que el Presidente responda a esta pregunta: ¿Por qué la escuela pública catalana no está a la altura de lo que desea el buen padre José para sus hijos? Hay ciudadanos que apartan a sus hijos de la escuela pública para que no se mezclen con negros, sin pararse a pensar, por cierto, en la peligrosa sorpresa que se llevará el vástago el día que, ya hecho un hombre, tenga que darle una orden a uno. Otra posibilidad es la del nivel intelectual: don José Montilla quizá considere que la escuela pública no tiene calidad suficiente. Es urgente que se lo comunique a los profesores: para que lo sepan y mejoren. Y es imperioso que tome otra decisión: dado que su Gobierno tiene las plenas competencias en Enseñanza debe mejorar radicalmente esta situación. Lo diré en prosa de pancarta: “Queremos una escuela pública donde puedan estudiar los hijos de don José Montilla”. Y cabe avanzar que si ese nivel resulta inalcanzable entonces habrá que suprimir la escuela pública. Será más útil y sincero volver a las escuelas de Beneficencia, y no perseverar en la pública hipocresía socialdemócrata.

Dicho esto, lo mejor está por decir: por lo general y al menos en la edad de sus pequeños, la escuela pública catalana ofrece mayores garantías educativas que la escuela privada. No es decir mucho, visto el arrasamiento indescriptible, que ha puesto Cataluña a la cola de… ¡España!; pero sí es decir lo suficiente sobre el fundamento y carácter de las opciones personales de don José Montilla.

(Coda: “El sistema educativo catalán tiene cada vez mayores dificultades para garantizar los niveles educativos considerados como adecuados para la sociedad del conocimiento”. Fundación Bofill, Informe sobre la Educación en Cataluña. 2006-2007)


¿Por qué se resigna la joven a pensar…?

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