31 de octubre de 2007
Hay un acuerdo general en que el magistrado Gómez Bermúdez ha llevado con acierto el juicio por la matanza de Madrid. Este “general” se refiere, claro está, a los periódicos, y es por los periódicos y por el duro enfrentamiento que ha habido entre ellos a propósito de aspectos claves de la investigación por lo que debe subrayarse el mérito del magistrado. Es un mérito técnico, sin duda, pero también protocolario: Gómez Bermúdez ha tenido mano izquierda con los periódicos. Es probable que por esta razón se le haya escapado a veces algún halago llamativo. Por ejemplo, éste que limita la sentencia a la llamada “verdad judicial”. Por lo general la palabra verdad, como la palabra democracia, es de mal adjetivar. Pertenece a un tipo de sustantivos muy sensibles, extraordinariamente paradójicos, casi cuánticos, a los que cualquier suma resta. Mientras llega Dios y sus tan esperadas novedades, la verdad judicial es la máxima representación de la “verdad humana”. Entre otros muchos motivos porque sus conclusiones no pueden contradecir la “verdad científica” o si se prefiere los fundamentos de la razón; porque se trata de una verdad falsable, es decir, ontológicamente atenta (y no como Dios, que ni se inmuta) a la posibilidad de una impugnación y, por todo ello, sujeta al error y al engaño humano, como también le pasa a Science y nunca a la Biblia.
La llamada “verdad periodística” no trabaja en una longitud de onda distinta. Hay innumerables asuntos judiciales que no llegan a los medios y muchos otros mediáticos que no llegan a los tribunales. Pero cuando algunos asuntos reclaman a la vez la atención de la Justicia y los medios suele extenderse la percepción, normalmente diseminada por los agraviados, de que la verdad se pluraliza a conveniencia. Es el momento letal de las verdades. Y no, claro. No hay una verdad judicial sobre los crímenes del Gal y otra periodística. Bien al contrario: su concurrencia es uno de los honores más preciados de este periódico. De igual modo no puede haber dos verdades sobre los crímenes del 11 de marzo. Todo lo que se sabe sobre la matanza (lo hayan aportado jueces, fiscales, policías, periodistas, testigos, inculpados) ha sido evaluado en infinidad de diligencias y no cabe esperar que los magistrados hayan escrito con ellas un relato irracional.
En cuanto a lo que no se sabe, por el momento está en manos de Dios, que, repito, ni se inmuta. Sería peligroso para el oficio, aunque también reconozco que de una rara elegancia, el que alguien tratara de definir la “verdad periodística” como la suma de todo aquello que no se sabe.
(Coda: “Podemos quitar las comillas posmodernas de las cosas que deberían importarnos: la verdad, la razón, la objetividad y la confianza. Son nada menos, si no más, que las virtudes que deberíamos cultivar cuando nos esforzamos por entender el desconcertante mundo que nos rodea”. Simon Blackburn, La verdad. Guía de perplejos, 2005)
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Entre las noticias más importantes que se hayan publicado nunca sobre la literatura catalana está la encuesta de la Associació d’Escriptors en Llèngua Catalana. En realidad también es la noticia más importante que se ha publicado sobre la pasada feria de Francfort e, incluso, sobre la crisis ferroviaria. Para que se vea bien su importancia hay que pasarse a los números absolutos. Hay 373 escritores en catalán. 223,8 escritores utilizan también el castellano. 22,38 escritores viven de la literatura. 149,2 escritores ganan menos de mil euros al año por escribir. A la vista de los datos, el excelentísimo señor Guillem-Jordi Graells ha dicho: “No son cifras para hacerse el harakiri”. Que va.
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Correspondencias /El Picha
En el día de hoy, cautiva y desarmada la disidencia, las tropas nacionalistas catalanas han alcanzado uno de sus últimos objetivos militares: comer el coco a los críos procedentes de los países Domund, y que en el futuro podrían ser un banco disidente con alto riego para la continuidad del pasteleo.
El nacionalismo catalán que todo lo menea, afronta uno de los pocos sectores de la población sospechosos de no estar aún bajo control: son los niños inmigrantes censados en las escuelas de Cataluña. Y para ello, Ernest Maragall (que ocupa el cargo de consejero de Educación de la Generalitat y es hermano de sangre del que tiene el mal de Eisenhower), ha decretado que las escuelas proyecten propaganda de guerra. En formato DVD, el libelo se dirige a esos negritos, moritos y chinitos de 5 años que más adelante pueden convertirse en catalanes mayores de edad, con todas las facultades, voluntad y sentido de la razón propia de la edad adulta. Y para contrarrestar la improvisación de esos nenes, ya desde les escoles se enseñará a esos pulgosos que aquí no nos andamos con chiquitas.
Podría tratarse de un DVD instructivo en el que expusieran el número exacto de hijos de puta que dirigen esas repúblicas bananeras, esos contubernios comunistas o esas monarquías islámicas de las que proceden sus familias antes de haber recalado en esta monarquía parlamentaria que les da acogida. Pero no; la guerra catalana no va por estos derroteros que serían tan pedagógicos.
El Nodo se titula “Catalonia, terra de tots. Les Tres Bessones a la Catalunya Real”. Traduciendo al lenguaje normal: Catalonia, tierra de pillastres. Las tres mellizas en una Cataluña de idiotas. No entraremos en el contenido del DVD. La prensa deportiva va llena sobre este asunto. Resumen: los nacionalistas quieren una liga catalana en la que sólo juegue el Barça (Cataluña). El Barça (Cataluña) sale a la cancha a jugar contra el espejo (Cataluña), y si las cosas salen mal (Madrid), ya se las amañarán para ganar la liga (Cataluña). Es la parábola del nacionalismo.
“Las tres mellizas” son unos dibujos animados propulsados por Jordi Pujol, allá en 1988, siempre subvencionados por la Generalitat, y que dan buena cuenta por la tele oficial a los más peques sobre el pensamiento único del buen catalán. Y los progres del tripartito han acudido, en su última perversión social-repú-comunista, a la vieja guardia del tebeo pujolista: la dibujanta Rosa Capdevila (Creu de Sant Jordi 2004 de la Generalitat), el productor José Oriol Ivern (Medalla President Macià 2006 de la Generalitat) y la subvencionadísima productora CROMOSOMA SA (Premi Nacional de Televisió 2003 de la Generalitat).
En esta tierra de cretinos, han protestado los clubes deportivos excluidos en el DVD, es decir, todos excepto el Barça, demostrando esos clubes un poquito más de inteligencia que los maestros nacionales, que todavía no han dicho ni mú. Dame pan y dime tonto.




