30 de octubre de 2007

El magistrado Gómez Bermúdez ha aludido más de una vez a la evidencia de que la sentencia del 191M fijará la verdad judicial sobre el asunto. Por supuesto. Es decir, la verdad humana, racional y técnicamente posible sobre los hechos. Por encima de la verdad judicial sólo está la de Dios, que existe, según la radio. A la izquierda, a la derecha y por debajo de la verdad judicial no hay nada. Se comprende que el magistrado respete sus compromisos protocolarios con la prensa. Pero estaríamos buenos que por su desliz se instalara la especie de una “verdad periodística”, diferente y al tiempo compatible con “la verdad judicial”. A lo único que aspira una verdad periodística en asuntos donde interviene la instancia judicial es a recibir su refrendo. Así pasó con el Gal. Y (perdonen las molestias) con el caso del Raval. Las supuestas verdades periodísticas acumuladas en todos estos años van a ser juzgadas en la sentencia del Tribunal. Y no sólo la participación de terroristas vascos en el asunto. También serán juzgados otros asuntos de máximo interés. Por ejemplo: si hay indicios racionales de que los terroristas se propusieran cambiar el gobierno de España. Que yo creo que no los hay. Por ejemplo: si la participación española en la guerra de Irak puede señalarse como causa principal del atentado. Que yo creo que tampoco. (Hoy trae El País un buen compendio, aunque tímido, sobre el asunto, escrito por Fernando Reinares). Por ejemplo: si El Egipcio, respecto al 191M, era algo más que un delirante fantasma. Que yo creo que en modo alguno, como empieza a creeerlo la justicia italiana.

Y por último la sentencia nos informará sobre una cuestión comercial básica: las posibilidades de que la industria (asaz cultural) de quién organizó la matanza de Madrid continúe boyante, en la estela del asesinato de Kennedy y otros pozos non olet.

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