28 de octubre de 2007


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En la gran conversación española que durante tres años fue el Nickjournal se produjeron con frecuencia agudísimos solos. Piezas que, desde luego, no era posible desprender completamente del conjunto coral, pero que gozaban de una nítida autonomía. Eran, también, piezas que el público esperaba como quien atiende a un rito solar y ante las que parecía formarse, milésimas antes de que entraran en la máquina, el expectante y respetuoso clamor callado que precede a los acontecimientos. Como en las grandes noches su ejecución era saludada con aplausos y a veces con frenesí, y se dio incluso el caso (o quizá fuese imperio del propio mecanismo, también sujeto a sentimientos) de que la ejecución se repitiera para solaz de la afición y oportunidad postrera de transeúntes.Uno de esos solos fue el Diario de un Presidente del Gobierno, de un tal Goslum, nick del que nunca nada supe, ni edad ni condición ni sexo, sólo que vivía en una ciudad de mar, próxima a Barcelona, aunque ni siquiera eso pude constatar de manera fehaciente. Era, como muchos otros, puro texto, cuya regia voluntad de anonimato obedecía tal vez a la prudencia, y más seguramente a la humildad.

La humildad estaba muy justificada, porque siendo un nick como era y viviendo una vida de recíproca indiferencia respecto de las masas Goslum era, nada más y nada menos, que el presidente del Gobierno de España, es decir, José Luis Rodríguez Zapatero. Esta afirmación puede sonar muy ficcional, y ¡horror!, literaria. Sería un son lamentable. La sátira, como cualquier otra rama de la poesía, no es ficcional ni no. Su reino no es de este mundo. El hecho de ser José Luís Rodríguez Zapatero está, como él mismo indicó muy agudamente, al alcance de todo el mundo. Pero es que, además, un presidente está hecho de las palabras, los gestos y los modos que exhibe en público y fuera de esa apariencia, como diría Jean Genet, no hay otra realidad. Ni siquiera la realidad íntima; tan abrasadora es la carga de lo público que se replica perfectamente en la alcoba, en la misma alcoba donde ejerce como única y sufrida interlocutora la señora Sonsoles.

Este diario nacido de la conversación y de las justas poéticas, este brillante apoderamiento lírico de la actualidad, es, por último, la refutación más brillante de la sentencia de Samuel Johnson: “Llevar el artificio del foro a las relaciones comunes es tan posible como que un titiritero que cobra por andar sobre las manos continúe caminando de ese modo cuando puede andar con los pies”. Y no. Goslum demuestra que en la naturaleza del titiritero está crudamente cifrado el olvido de cómo anduvo.

 Correspondencias /Ganso Mandarín

Esto no coincide con lo que están diciendo en los periódicos españoles
y visto esto no me extraña que los miren con lupa a las ONGs europeas

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