17 de octubre de 2007
Una de las noticias más extraordinarias de los últimos cinco minutos es, sin ninguna duda, la decisión del gobierno de comprar unos lotes de la película de Al Gore sobre el cambio climático para distribuirlos en las escuelas. Esta película se llama “An inconvenient trutht”, que aquí se ha traducido como “Una verdad incómoda”. Aún no salgo de mi asombro por las compras. El asombro no se deriva tanto del contenido de la película, al fin y al cabo inscrita en el oximorónico género de la ciencia ficción. Aunque sí debo subrayar que puede ocasionar episodios de angustia a los niños, porque contra lo que indica la apariencia la sensibilidad ecológica de la niñería está ya muy desarrollada. Basta con observar qué distinto efecto provocan en los hombrecitos la muerte de un bebé asfixiado por sus padres o la de una ballena agujerada por su arponero. Yo lo he observado, y en ciclos distintos de la niñería, y los resultados son desmoralizadores. Por otro lado la máxima preocupación de los niños es el niño concreto mismo y la desaparición del planeta les horroriza hasta el histerismo: dada su edad calculan que estarán a bordo cuando se deshagan los polos. Por lo tanto me parece que roza la irresponsabilidad insistir. Aunque se trate del cine gore, insistente por defecto.
Ahora bien, el asombro, sin mayor metáfora, lo suscita la cantidad que el Gobierno piensa invertir en la distribución de la película. El Gobierno va comprar 30.000 copias, por un total de 580.000 euros. Comprendo que es un mal momento para censurar el gasto, a punto como está de acabarse el mundo y, sobre todo, poco después de que el Gobierno catalán haya gastado más de 12 millones de euros (tu euro, el mío, el de aquel) en una hermosa deutschland botifarra. Puestos, puestos de verdad en el asombro, lo que me tambalea es que los gobiernos sean capaces de gastarse esas cifras en opiniones y la revolución de los hechos siga demorándose.
La película de Gore puede descargarse (incluso pagando) en multitud de sitios de internet. El primero que sale en google (júrolo) es choteras.com. Pero ya comprendo que ese procedimiento corre el alegre riesgo de la serendipity, que es como salir a ligar conocimientos. Mientras la película va descargándose, el niño puede navegar sin rumbo y abismarse en multitud de fosas (por ejemplo: la gravemente tóxica del blog de Antón Uriarte) donde se dictan algunas lecciones en prosa sobre el cambio climático. Así que, como siempre y después de los dolores, acabo comprendiendo al Gobierno: hacer cómoda la verdad (servirla a domicilio) es una de las primeras normas del adoctrinamiento.
(Coda: “Error 8: Mr Gore afirma que los osos polares se ahogan después de recorrer larga distancias en busca del hielo. Pero sólo hay constancia reciente de que hayan aparecido ahogados cuatro. A causa de una tormenta”. Michel Burton, Auto, Tribunal Superior de Londres)
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Correspondencias /Ernesto Hernández-Busto
Querido Arcadi:
Esta mañana, cuando me disponía a ducharme, ha llamado Gimferrer. Ha estado muy cordial, quería agradecerme mi hora y cuarto; le habían pasado la traducción, que le ha gustado mucho, pero me pidió que enmendase un par de errores (comprensibles, ha dicho). Además, comentamos varios matices que sin esa llamada suya me hubiera sido imposible advertir. (Ese tramposo desmai postrero, por ejemplo, que no quiere decir “desmayo” sino “sauce”, y el coloquial se’ns encomana por “se nos contagia”). También hemos estado un buen rato con rials (nada que ver con las “risas” que yo deduje de rialles), término que viene directamente de Espriu. Alguien, me dijo, lo ha traducido como “riales”, pero a él no le gusta mucho esa opción porque también designa una moneda. Al final hemos quedado en “torrentes”, y en que el nerudiano llamp desquadernat (literalmente “relámpago desencuadernado”) podía pasar como “rayo quebrado”. El do’ por donde no le ha gustado, y con razón: demasiado arcaizante, aunque dice que él lo usó una vez para Ausias March.
En Frankfurt, según parece, el traductor alemán de “Ensenhamen” ha hecho un buen trabajo, aunque tuvo que desenterrar un raro hexámetro de Goethe.
La clave del poema, me confió el poeta, es que tomada por separado cada palabra de éste se emplea hoy de manera habitual en el habla catalana, y en cambio, el texto en su conjunto provoca una impresión medievalizante, que estaría asociada a la imaginería, no al léxico.
Te ahorro pormenores y amables perlas de sabiduría sobre la edad del alejandrino. Confirmada la sospecha de que no se trata de un poema político. Al final, con la venia, la cosa queda así.
Saludos,
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Correspondencias /Bil
He visto las interpretaciones sobre el chándal de Castro y tengo que intervenir para combatir la superficialidad de los análisis, que si es de marca, que si capitalismo, que si quiere dar imagen de deportista. Palabras. El chándal es tan popular que resulta casi imposible comprar uno sin marca conocida, más ahora que el mercado chino los produce al coste. Y de la imagen de deportista, nada de nada. Ésa la cultivan los políticos en edad de merecer y siempre con foto activa. Las fotos en chándal sedentario del comandante son puro chandalismo intelectual, ese que compele a su utilización fuera del espacio deportivo.
En primer lugar debemos recordar a los yonkis. La asociación es indisoluble: chándal-yonki, yonki-chándal, es parte de la personalidad. Luego creo que vinieron las tonadilleras y su chándal con tacones para ir al hiper. Casi al mismo tiempo, (aunque no puedo asegurarlo porque en aquel tiempo todavía desconocía la importancia del chándal como fenotipo del alma), los presidiarios de postín: Mario conde, Roldán, Vera, Barrionuevo, De la Rosa, últimamente Julian Muñoz, todos ellos se empaparon de lo que sin duda ya podemos definir como espíritu-chándal, incluso Barrionuevo se empapó tanto que lo usaba hasta cuando no estaba dentro. Otro grupo chandalero son los gitanos, lamento mucho no saber situarlos correctamente en la cronología, pero ¡quién nos iba a decir que tras el chándal podía haber un acontecimiento exegético! Por observaciones personales puedo asegurar que también lo visten en días festivos muchos ejecutivillos, médicos, técnicos de la administración y, en general, esa clase media cuyo uniforme de trabajo es el terno, (no quisiera caer en la calumnia
pero creo recordar que hasta el marqués se exhibió con esta prenda en su majuelo). Retrocediendo recuerdo que lo utilizaban los “bobos” cuando el apogeo de las puntocom. También conozco convalecientes con el cuerpo cargado de tubitos a quienes resulta ventajoso vestirse de lycra. Y el último, el comandante, que, aun con tubitos, obviamente no puede encuadrarse en el anterior grupo de morbilidad íntima. ¡Ah!, y las Belenes Esteban y famosotes que se visten gratuitamente en TV haciendo publicidad de alguna tienda, que también chandalean en domingo. Intento ser exhaustivo porque el asunto me tiene de lo más intrigado.
Una vez presentado el muestrario, lo que debiéramos buscar es la intersección, el rasgo común para el chandalismo intelectual. Confieso que estoy bastante aturdido como para ser certero, pero me arriesgo a un esbozo confuso si con ello cincelo mi asombro. A primera vista hay una especie de dejadez. El chándal, como ropa deportiva diseñada para sudar, parece como si admitiera un uso, vamos a decir… con ciertas licencias higiénicas. El sudor, que perlando cuerpos en el deporte sexual puede ser tan estimulante, al día siguiente por misterios biológicos de las bacterias se transforma en un revestimiento pegajoso que convierte en intolerables los paños rígidos. La ductilidad de la lycra y un toquecito de colonia permiten encarar el mundo sin el trámite de la ducha.
Son determinantes las labores. En casi todas las ocasiones se trata de tareas íntimas, en el sentido de que el público, sea cual fuere, no reviste interés o incluso desaparece. Las presentaciones públicas del barbas por supuesto que anulan el análisis pero no importa, ante un misterio, más que el grado de control lo relevante es la consciencia de descontrol. Desde luego que hay algo íntimo a pesar del comandante. El presidiario mascando su vida entre paredes. El yonki sumergido en su propio cerebro. Los uniformados recuperándose de la ostentación pública. El chandalismo es sin duda una expedición en busca del hombre interior. Y hasta con el cubano, ¿acaso no escenificó su retirada traspasando los poderes al hermano? ¿No sería el chandalismo sedentario una simbolización de apartamiento vital? No es fácil de establecer la relación entre la falta de higiene y el desarrollo espiritual porque nadie presume de guarrete, aun así hay algunos casos reputados: Balzac con su hábito, Rimbaud que escribía desnudo y desaseado y nuestro insigne Arrabal, quien se ha jactado de escribir bajo la inspiración (nunca mejor dicho) de los vapores tóxicos de su prepucio fermentado. Seguro que hay más, de algunos no ha trascendido el detalle, pero de ciertas situaciones lo podemos deducir sin dificultad: el Wittgenstein de la cabaña noruega desprovista de agua, Jesús en el desierto, Cervantes en el presidio de Argel…
Hay ciertos rasgos anímicos corroboradores, la falta de sonrisas propia de la acedía que acompaña estos periplos ascéticos, el desánimo, el alejamiento de lo mundano, la soledad, ¡hasta el demonio del mediodía!, que desde tiempos de Sócrates inspira a los bertzolaris, y es que casi siempre tiene un uso de mañana tardía. Puede que tenga algo que ver con horarios de sueño estirados y el aprovechamiento de la jornada antes de comer. No lo sé y aprovecho la ignorancia para suspender el texto porque el objetivo era más bien la declaración de pasmo dejando abierto el fenómeno del chandalismo intelectual para vivisecciones más agudas.
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Correspondencias /Alejandro
Referente Arcadi:
El lehendakari Ibarretxe, visiblemente excitado por su bumerán soberanista, ha sido en las últimas semanas generoso en el verbo y la metáfora. Jovial y dicharachero, ha querido transmitir en todo momento la impresión de un optimismo ilimitado. Y para este fin, ya se sabe, nada mejor que aderezar cualquier declaración con tantas obviedades y frases hechas como le sea a uno posible.
Examínese con atención la belleza casi matemática del discurso de Ibarretxe, la regla de tres perfecta, la homogeneidad no querida que brota de ella sin violencia: ETA, Batasuna y la Lehendakaritza. Sin duda, el lenguaje de lo consabido puede jugar malas pasadas pero, de todos los incautos susceptibles de caer en su trampa, los peneuvistas, los peores. Como tantas veces se ha demostrado, ellos, más que nadie, deberían cuidarse mucho en su coloquio.
«¡Hombre! ¡Por Dios! Si el Partido Socialista, el Gobierno español, el presidente del Gobierno español acaba –y yo le apoyo– de hablar con ETA y Batasuna en mayo de 2007… espero que no se nieguen al diálogo, a la negociación e incluso a alcanzar acuerdos con el lehendakari» (Juan José Ibarretxe, 2 de octubre de 2007).
Alejandro.




