30 de septiembre de 2007
Estragado contemplo cómo en la discusión sobre la quema de las fotografías de los monarcas españoles desaparece el elemento central. Esto es, que se trata de la quema de un retrato, y que debajo hay gente, aunque sea coronada. No es la bandera. La bandera es ignífuga, como cualquier símbolo. Pero las personas queman bien y rápido, y es en la hoguera donde demuestran más precisamente esta condición. La insistencia en que se trata de símbolos, y sujetos por lo tanto a la libertad de incineración, no hace más que reproducir la lógica del razonamiento terrorista. También el etarra vio en la nuca de Rafael Martínez Emperador a España y sus cipayos. Las mañanas, tan hermosas y nauseabundas.
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El reportaje admirable de Francesc Arroyo en la edición de Cataluña de El País. Los últimos treinta metros del Ave. Prosa de ingeniero: estructura, épica y sentido, y metáforas que soportan la prueba de carga.
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La cima de Juan Cruz, entrevistador. Hoy le pregunta al pobre, al anonadado Arturo Pérez Reverte: “¿Morir qué es?”
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