27 de septiembre de 2007

El seis de noviembre del año pasado, los responsables de Ágora, un programa de debate de la televisión pública catalana, me invitaron a un debate postelectoral. Acepté, aunque les advertí que iba a hablar en castellano, contrariando mi costumbre cuando mis interlocutores utilizan de salida esa lengua. Desde la publicación, semanas antes, de un manual de estilo para los medios públicos catalanes donde se castigaba la expresión en castellano había tomado la decisión de no volver a hablar en catalán en esos medios hasta que me pareciera oportuno. En el transcurso del programa, el presentador, aprovechando la irrupción de un email, me preguntó por qué hablaba en castellano, contra la costumbre. Se lo expliqué a él y a la audiencia, antes de dejar claro que hacía una excepción dada la circunstancia, porque nadie tenía por qué justificar el uso del castellano en ningún lugar de Cataluña. El presentador, Ramon Rovira, con su cortesía habitual, me dijo que mi interpretación del manual de estilo de la televisión autonómica era errónea. Al salir, fuera de cámara, insistieron en ello, él y sus ayudantes. El caso de Peri Rossi, poeta excelente y una señora tan educada y poco amante de problemas que se negó a firmar el manifiesto fundacional de Ciutadans “por no estar de acuerdo con sus conclusiones”, aclara la interpretación.

Desde aquel incidente no he vuelto a TV3, aunque bien es verdad que eso no es noticia, ni siquiera lingüística, y que los responsables de Ágora me invitaron a hacerlo en junio para hablar del Real Madrid, CF, invitación que decliné por estar fuera de mis posibilidades.

La segregación de Peri Rossi es obra de las autoridades, naturalmente. Pero la responsabilidad, ni siquiera profunda, es de todo aquel que, no siendo un segregacionista y estando en contra de la medida aplicada y del manual reeducativo, sigue esta mañana en las radios y las televisiones públicas, tomándose un vaso de agua clara.

 Correspondencias /Ernesto Hernández

Querido Arcadi:

Supongo que habrás leído con interés la magnífica entrevista al rozagante reportero en ese diario independiente de la mañana, en la que éste se enorgullece de poder trabajar en cualquier lugar del mundo gracias a las maravillas de la tecnología. Y para ilustrarlo, pone de ejemplo su trabajo desde Cuba, uno de los pocos lugares de la geografía mundial donde la tecnología tiene características, digamos, peculiares, y donde el Ministro de Telecomunicaciones tiene, por una de esas desafortunadas coincidencias, el mismo nombre y apellido que un tristemente célebre jefe de los servicios secretos.

Pues resulta que se reunió Carnicero con sus empleadores (personas en las que uno imagina, por mero rango, superior alcance mental; lo cual, en cualquier caso, tampoco sería una hazaña) para “analizar las consecuencias que para su trabajo radial y periodísticos tendría el hecho de que el reportero hubiera decidido vivir en La Habana”. Y el comité de sabios le dijo que la única condición para que pudiera hacer su trabajo desde Cuba era “la calidad del sonido”. Problema que el reportero resolvió presto: “conseguí que la compañía telefónica cubana me instalara una línea telefónica ISDN, una banda ancha que se utiliza para videoconferencias y transmisión de datos. Fue la primera línea de estas características que se instaló en Cuba”.

Lamento contradecir a Carnicero, usufructuario de tan brillante línea, pero la suya no es la primera. La Seguridad del Estado cubana y el cuartel de la “Batalla de las Ideas”, situado en un horrible edificio de Malecón, marcaron antes en la cola de ETECSA. Lo que me llama la atención es que los directivos de la SER y el reportero en cuestión (y también el afanoso entrevistador) ignoren olímpicamente las consecuencias que para el periodismo radial del señor Carnicero implica el usufructo exclusivo de esa línea en un país donde el acceso a Internet sigue siendo un privilegio. De la calidad del significante no tenemos queja, ciertamente, pero ¿qué hay del significado?

Aprovecho para recordar a los oyentes del Sr. Carnicero que según los cálculos más optimistas (los de Internet World Stats) Cuba figura entre los últimos países del mundo y de las Américas con una penetración de 1.7%, (Haití, por ejemplo, tiene un 7.1%). Y por puro trámite, les recomiendo que exploren con mayor detenimiento las peculiaridades técnicas de mi querida isla natal, aquí, aquí, aquí y aquí.

Al Sr. Carnicero, que segun dicen es lector asiduo de este blog, felicitarlo por la magnífica elección de su portátil Macbook Pro de 17 pulgadas.

Saludos,

Ernesto Hernández Busto

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