24 de septiembre de 2007


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El patético proyecto de Foster para el Estadio del Club de Fútbol Barcelona. Patético para los clientes, desde luego, cuando se examina el retrato que les ha hecho. El astuto sir les ha vendido una olla con sang i fetge a paletadas, y no hay duda que el principal antecedente estético de su proyecto es la cerámica “Aquí viu un del Barça”. Tradición y modernidad. Foster tiene dos obras en Barcelona, aunque la única que tiene interés lleva la firma de Jean Nouvel. En el caso del estadio se da un agravante: la olla de botifarres acaba con uno de los estadios más bonitos del mundo (del sobrio y cabal arquitecto Francesc Mitjans) y con el inspirado voladizo que proyectaba una sombra ligera, irónica y distanciada sobre las necias pasiones del campo.

 Correspondencias /Fernando García

Santo Tomás de Aquino nos legó cinco argumentos que demostraban la existencia de Dios. Siguen vigentes para todos aquellos que gozan del privilegio de la fe. Con José Tomás de Galapagar pasa algo parecido, se ha convertido en artículo de fe que es el mejor torero, que es el mito viviente que ha venido a salvar la Fiesta. Son muchos los creyentes que azuzados por falsos profetas se postran hoy ante el ídolo.
Ayer despidió en la Monumental su breve temporada, entre berridos de los antitaurinos y éxtasis de los tomasistas conversos. Un puñado de taurinos escépticos fruncíamos el ceño. El regreso de Tomás ha sido un buen estímulo para la Fiesta, como lo es la presencia de los antitaurinos, y esto debe anteponerse a cualquier crítica. Tampoco es discutible que José Tomás Román ha sido uno de los escasos toreros que ha sabido estar en los terrenos del toro, como también supo estar en lejanos días César Rincón, que ayer se despedía junto a él de los ruedos españoles. Pero ni el colombiano ni el de Galapagar están hoy para semejantes hazañas. El primero lo sabe y se vuelve a Macondo, el segundo no parece saberlo.
La temporada de Tomás ha estado marcada por los toros sin trapío, las plazas de segunda, las cogidas, atropellos y enganchones, y sobre todo por mucha literatura. Todo ello ha generado expectación dentro y fuera de los circuitos taurinos, pero pocos se han atrevido a revelar el secreto: José ya no es el de antes. Ójala lo vuelva a ser, muchos lo deseamos con fervor. Mientras tanto habrá que conformarse con la fe del carbonero, aunque ayer no convenció ni a los mas fanáticos. Estuvo “fuera de cacho” con la muleta, delito de leso tomasismo, y feble con el acero. Tan solo unos destellos con la capa y en el innecesario adorno. Muy poco para querer proclamar que es el número uno, como Luís Miguel, o que es Manolete revivido.

 Correspondencias /Petrarca 1510

El bricolaje debe ser, en cuestiones de relax, el equivalente masculino a la feminidad de las velas. Ayer por la mañana estaba viendo Bricomanía y hay que ver lo dulce y sosegadamente que llegaban hasta mis oídos conceptos tales como percutor, broqueladora, apelmazante, soldadura o barrena de cinco y medio. La composición del más hermoso concierto para piano y orquesta en Do mayor no tenía nada que envidiar, en el terreno del arte, a la perfecta construcción de una celosía metálica cilíndrica con recubrimiento vegetal de plantas trepadoras. Sin embargo, cuando mi estado contemplativo estaba ya alcanzando su clímax sensorial entre carraspeos de lija, un trueno inesperado atravesó de parte a parte mi pensamiento, activando en cadena los relámpagos de la memoria. Uno de los presentadores, tratando de explicar el porqué del recubrimiento del sustrato con corteza triturada de pino, argumentó que de esta manera, aparte de optimizar el riego, lograríamos evitar la presencia de “hierbas no procedentes”. ¡Hierbas no procedentes! ¡Trueno! Ese lenguaje eufemístico, apropiado sin duda para las delicias del jardín, me recordó al instante dos episodios recientes ocurridos en este otro jardín (metafórico) llamado España:

1º. La quema en Gerona de fotografías monárquicas cual si fueran rastrojos improcedentes.

Y 2º. Las amenazas de independentistas catalanes a Albert Rivera, a quien se le “invitaba” a abandonar Cataluña (jardín interior) con una bala clavada en su retrato.

Que los radicales opinen con fuego e inviten con balas no es algo nuevo y si Hitler no paraba de repetir con violento ardor que su Alemania era un país amante de la paz, estos otros catetos guerrean con juguetes antes de pacificar con sangre. ¡Bendito lenguaje que nos deja entrever la terrible intención de la podadora!

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