28 de julio de 2007
Draft Telegraph
(XXIV)
Boswell sobre los escarceos preliminares del doctor Johnson: “Todo el que tenga familiaridad con el estilo de Johnson se dará cuenta de que aquí no hay rastro de él; antes bien, este párrafo podría haberlo compuesto cualquier otro hombre.” Respecto del estilo, nada mejor. El que Boswell desprecia, es el verdadero “estilo inimitable”. Éste y no el así llamado: nada más fácil de imitar que un estilo inimitable. Se trata de la misma ley con la que trabaja el imitador de voces: cualquiera está al alcance de su virtuosismo menos la suya propia. Creo que nadie entendió ese asunto como Paul Léautaud. Su Journal, inmenso, puede ser leído como el ímprobo trabajo de un hombre que trata de doblarse a sí mismo. El Paul Léautaud que escribe trata de imitar al Paul Léautaud que vive. La escritura se ajusta milimétrica al propósito. Grosor mínimo. Apenas un dedo de sudor sobre la frente. El reto de su propuesta acaba completándose con otra ambición sobrehumana. Léautaud pretende acabar con el “acontecimiento” de la literatura. Todo fragmento literario es un titular destacado, un pequeño cuadrado de luz sobre la general penumbra. Pero los días del hombre pertenecen, sobre todo, a la penumbra. Se advierte leyendo el Journal. Pasan los días, anotados, sin ningún relieve, de forma y fondo. Sobrevivir es el acontecimiento. La propuesta repugna a cierta preceptiva literaria. Pero no conozco un lugar donde mejor se aprecie la textura de la vida. La vida de cualquier hombre.




