3 de junio de 2007

Al parecer, y según un reportaje dominical de El Mundo, Holanda tiene la televisión más estúpida del mundo. Y su audiencia es el banco de pruebas ideal para saber si un programa es lo suficientemente estúpido como para exportarlo al resto el mundo. Un fotógrafo holandés, entrevistado en el reportaje, da una explicación: “La casualidad empresarial, mezclada con el escaso control público” es una explicación probablemente verdadera, pero da muy poco de sí para mis propósitos matinales, siempre cargados de metáfora. Lo interesante es que Holanda, un país que no llega a los veinte millones de habitantes, sigue siendo un laboratorio, como en los sesenta. Sólo que ahora es un laboratorio de frikis. Otra deriva interesante de Mayo. La evolución no es tan insospechada como cabría pensar. Pero, en cualquier caso, es; y ésta es la respuesta y la pregunta. Sobre las relaciones de proximidad y de emulación entre Holanda y Cataluña no hace falta que me extienda. Tampoco entre las relaciones empresariales que mantienen productoras televisivas holandesas y catalanas. Mucho menos en esa cultivada versión de la estupidez que presenta maneras progresistas, y que tanta audiencia tiene aquí y allí.
Correspondencias /Eugenia Codina
Querido Arcadi:
¿está Holanda completamente loca?, ¿es la televisión más banal del mundo? Probablemente. Pero déjame que aclare un par de puntos que pueden ayudar al observador formarse una opinión.
No es exacto decir que la televisiòn holandesa se banaliza por el oportunismo empresarial y el escaso control público de los medios, tal como opina un fotógrafo holandés que citas en tu artículo. Aclaro unos cuantos conceptos: la televisión holandesa es pública y privada. La televisión pública está organizada en ¨zuilen¨, al igual, que el sistema educativo holandés. ¨ Zuilen¨ se puede traducir por la palabra ¨pilar¨o ¨pilares¨. Tanto en educación como en los medios de comunicación, los diferentes grupos ideológicos y relegiosos del país reciben dinero público para organizar su ¨pilar¨, independiente de los otros grupos.
La televisión pública dispone de dos cadenas de televisión en las que emiten ocho emisoras. Estas ocho emisoras, los pilares de la comunicación, tienen derecho a emitir con dinero público si tienen al menos 300.000 miembros. A más miembros tiene la emisora, más horas de emisión puede exigir. Este principio también vale para la emisión por radio. La televisión pública también reserva tiempo a las emisoras de carácter religioso (judaísmo, islam, budaísmo…) y a la televisión educativa.
Cada uno de estos ocho pilares está basado en una visión política-religiosa: EO y KRO son de carácter protestante y católico respectivamente. Los otros dos grandes pilares son AVRO y VARA, los dos con una ideología social-demócrata. El resultado de esta forma, tan democrática de programar el medio público, no es la variedad que uno podría esperar, sino al contrario. La mayoría de la programación obedece a consignas de carácter cristiano y socialista. El resultado es una televisión sin demasiadas sorpresas y empapada del pensamiento políticamente correcto. La emisora BNN, que ha producido el famoso show del riñón, es también pública y fue fundada por Bart de Graaff, un programador-presentador televisivo que se hizo popular a causa de su apariencia enfermiza. Tenía el cuerpo y la cara de un niño porque, a causa de su enfermedad renal, no crecía pero sí envejecía. Murió a los 35 años, antes de su segundo transplante de riñón.
Las ocho emisoras arriba mencionadas dominaron el panorama televisivo holandés hasta que aparecieron las televisiones privadas, la mayoría de las cuales emiten desde Luxemburgo y Alemania porque no tienen permiso para establecerse en Holanda, sí para emitir.
Como la mayoría de los holandeses se aburre con la oferta de la televisión pública, tiene gran éxito la oferta de la televisión comercial, donde uno puede ver todo lo que no se ve en la pública: series y comedias, reality-shows y sobre todo, programas sobre temas tabúes tratados con el descaro propio de la sociedad holandesa. Este descaro es producto de los cambios sociales en los años sesenta y setenta, apoyados en gran parte por el estado del bienestar. La socialdemocracia ha tenido mucho éxito en enseñar a la sociedad holandesa sus derechos. Es una sociedad asertiva donde los temas tabús se solucionan en los diferentes ¨zuilen¨. Es decir, si no te interesa un tema, no lo tratas en tu entorno. El estado se cuida de que los que estén interesados en el tema, tengan un espacio propio donde puedan tratarlo. Esta ha sido la estrategia de construcción de la sociedad civil en Holanda. No es de extrañar que en Holanda surjan experimentos televisivos de dudoso gusto porque la población que no se siente identificada con el tema, no tiene ningún rubor en mirar a su propia emisora, de la cual es miembro desde hace años y de la cual sabes lo que esperar.
La emisora BNN, con el famoso programa del riñón, fue usar una estrategia de la televisión comercial para conseguir un fin típicamente público: la donación de órganos. Un gesto solidario, de amor al prójimo y políticamente correcto.




