30 de abril de 2007
Hay discrepancias en los periódicos sobre la palabra clave, körcher o racaille, que utilizó Sarkozy en su mitin de ayer en Bercy. Fue körcher. Je suis allé. Körcher es una marca de mangueras que ha devenido manguera como el kleenex. Por lo tanto esta frase del periódico es falsa: “Recordó con orgullo que fue allí donde llamó racaille (basura) a los jóvenes de los suburbios”. Algo más que falsa. Absolutamente racaille. Uno de los recortes de Chirac, film inmortal, muestra el momento en que Sarkozy habla de racaille. Lo hizo en los suburbios, ciertamente. Pero dirigiéndose a algunos de sus habitantes, asomados una noche de furia a los balcones, y prometiéndoles (a ellos, habitantes de los suburbios) que los libraría de la racaille (es decir de la mafia que mató un niño a bala perdida). En exactos términos marxistas: prometiéndole al proletariado que los libraría del lumpen.
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La yema del discurso de Sarkozy fue una durísima carga contra la herencia del 68. Es discutible que el posmodernismo (y su relativismo moral y cultural) naciera entonces. Pero es evidente que entonces nació la muerte de la escuela. La escuela ha muerto, Illich. La escuela, ese cadáver, fue reivindicada con extremada pasión por Sarkozy. Que dijo, más antiguo que Ferry. Como un ateneísta. Desde el falansterio: “El ignorante no es un hombre libre”.


