11 de febrero de 2007
Cuba es una intranet. Pero a veces se evade un bit. Este es de un tamaño descomunal, y una de las descripciones más precisas y profundas que he observado del totalitarismo. (Cortesía de Ernesto Hernández-Busto)
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Correspondencias /F. Colavidas
Enhorabuena, Arcadi, por su preciso y riguroso análisis. Creo que fue Martín Prieto el que planteo la disyuntiva en su momento: o bobo o … En claves conspirativas, al comienzo del hundimiento, casi todos los críticos se inclinaron por la perversidad maligna; pero con el tiempo se verificó el otro lado de la hipótesis, el que se ratifica en su análisis de hoy: la solemnidad vacía del simplón con pretensiones. Los españoles, de inmediato, nos indignamos mucho. Es una de nuestras características (¡NO HAY DERECHO!, “en versales y a seis columnas” que dice Ferlosio), pero luego, ante ruinas tan evidentes, somos incapaces de concretar nuestros juicios en acciones porque lo que sentimos es pena misericordiosa. Habla bastante bien de cómo somos por dentro pero, desde luego, los resultados para la marcha del país son letales. Y, hablando de nuestro ser (y nuestro estar), aprovecho para colgar aquí un viejo artículo que, a mi juicio, no tiene desperdicio.
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Correspondencias /Ana Nuño
Querido:
Vaya semanita.
Enumero (y seguro que me dejo algo –perdóneseme la rima– en el tintero):
- Banderas de nuestros padres.
- Joe Bonham (“Johnny cogió su fusil”) con brazos y piernas saludando a la afición borrokera desde el Times.
- Suicidio de la hermana de una princesa.
- Nombramiento de un Ministro de Justicia con cara y trayectoria de comisario político.
- Movilización del gremio jurista en defensa de no se sabe qué hizo, hiciera, haría o hará el magistrado Pérez Tremps.
- Querella nominalista en la bahía de Algeciras: to be chapapote or not to be.
- El caso Oleguer y Kempe: más leña a la hoguera de campamento de ERC (¡Catalanofobia! ¡Catalanofobia! –gritan, excitados, los “escoltes catalans”, mientras rasgan nuestros tímpanos el tible y la tenora–).
Un tema por día de la semana.
Desalentador. Te diré por qué lo es, al menos para mí.
Soy miope (y astígmata y, edad oblige, présbita –nada de “vista cansada”: esto es para los débiles de espíritu; lo mío es lo normal: debilidad del cristalino–). Y porque lo soy, vivir en este país no es el mejor correctivo.
Vivo en un país miope, en el que cada minúsculo o mayúsculo acontecimiento –da igual– sirve para inducir a la flojera, a la haraganería del aparato óptico.
Más allá de la punta de la nariz peninsular, nada que ver u observar.
Así estamos: al menos desde la decadencia de los Austrias, afinando las dioptrías en los granos de la nariz.
Hoy me he despertado pensando en mi miopía. Y en que algo debo hacer para ejercitar mi cansado músculo ciliar.
Así que me he puesto, después del café y la biscotte (integral, no vaya a temer por mi salud la Sra. Salgado). Anoto brevemente el resultado de mis ejercicios oculares.
En Inglaterra, un reciente sondeo de opinión revela que 74 % de jóvenes nacidos en Inglaterra de padres nacidos en países musulmanes y de edades comprendidas entre los 16 y 24 años, quiere que las mujeres se vistan conforme a la tradición musulmana. Es decir, veladas, tapiadas, censuradas.
De los padres de estas criaturas, mayores de 55 años y nacidos en países musulmanes, aprueban esta medida sólo un 24 %.
Según la misma encuesta, 37 % de jóvenes británicos de origen musulmán declara que prefiere que sus hijos cursen estudios en escuelas “islámicas”, mientras que sólo 10 % de sus padres opta por esta solución “pedagógica”. El mismo porcentaje de jóvenes nacidos en Inglaterra de origen musulmán preferirían vivir bajo la “sharía” que bajo las leyes británicas, contra 17 % de sus padres.
Por último, 13 % de británicos nacidos en Inglaterra de padres musulmanes declara que admira a organizaciones como Al Quaida; sólo 3 % de musulmanes de más de 55 años comparte esta opinión.
Dicho de otra manera: los jóvenes nacidos de padres extranjeros y confesión islámica y formados en Inglaterra son mucho más radicales que sus progenitores, nacidos y formados en países musulmanes.
Según Munira Mirza, quien ha dirigido esta encuesta para “Policy Exchange” (“Living Apart Together: British Muslims and the Paradox of Multiculturalism”, ), las notables diferencias entre las respuestas de padres e hijos podría explicarse por el hecho de que la primera generación en llegar a Inglaterra ha hecho esfuerzos por integrarse o, al menos, dar muestras de integración en el país de acogida; mientras que las jóvenes generaciones, que ya cuentan con la garantía de la nacionalidad británica, pueden permitirse exhibir opiniones más “provocadoras”.
Hay otro dato en esta encuesta que complica un poco más el análisis de los datos. Con independencia de su compromiso con causas musulmanas, 62 % de jóvenes británicos de origen familiar musulmán piensa que tiene más afinidades con jóvenes británicos no musulmanes que con musulmanes no británicos.
Ello querría decir que su simpatía hacia determinadas posturas no es fruto de una ideología sino de una “imagen” (en claro: de un efecto de propaganda). Si el actual gobierno laborista británico (del que la miope España, en todas sus declinaciones partidistas y regionales, sólo percibe la “foto de las Azores”) no se hubiera empeñado en fabricar una sociedad “multicultural” (caso parecido al de País Bajos, por cierto), en la que los valores de la sociedad británica, por más democráticos que sean, deben ser sometidos a revisión ante los valores religiosos y étnicos de cualesquiera categorías de ciudadanos británicos, con independencia de su mutua compatibilidad, difícilmente se daría hoy una disparidad tan brutal entre las posturas de la generación de inmigrantes de llegada y la primera generación nacida y formada en Reino Unido.
Una cita larga (lo siento). Del magnífico “Alemania: Jekyll y Hyde. 1939, el nazismo visto desde dentro” de Sebastian Haffner (Destino, Barcelona (Trad. María Dolores Ábalos), 2004, pp. 171-172). He cambiado los tiempos verbales y omitido las referencias locales. Para ajustar su lectura a la miopía ambiente. Y huelga decir –pero lo diré– que este fragmento de análisis de Haffner, sobre las causas del desastre de la República de Weimar que condujeron al triunfo de los nacionalsocialistas, es fácilmente extrapolable, salvando las históricas distancias, al sistema de democracia representativa imperante hoy en nuestro país (en España, especifico, para los miopes nacionalistas que acumulan casi 40 dioptrías en cada ojo):
“El peculiar sistema electoral (…) se ajusta a las ideas de Marx; no hay una lucha electoral directa entre dos o más candidatos con consignas concretas, sino un escrutinio y un recuento de los votos que se emiten a favor de uno u otro partido. El elector (…) no vota a un diputado que conozca, de quien espera una política determinada y con quien se sienta vinculado. Vota una “lista” y, a menudo, sólo conoce los nombres de los candidatos que aparecen en ella. Su elección no es tanto un acto político como una ratificación metafísica de la doctrina monárquica, conservadora, católica, liberal, socialista o comunista. En las siguientes elecciones no espera que su partido dé cuentas de lo que se haya logrado en los últimos cuatro años, sino una confirmación de haber permanecido fiel a sus ideas y objetivos políticos. La actualidad política es algo que suele ignorar arrogantemente, y los propios partidos tratan las cuestiones de actualidad con una negligencia que lleva fácilmente al aburrimiento”.
Un abrazo




