25 de enero de 2007

La respuesta que el Estado deba dar al chantaje es un clásico. En nuestra juventud lo vivimos apasionadamente, respecto a la muerte de Aldo Moro, cuyos asesinos fueron condenados a cadena perpetua, aunque después de muchos años ahora ya sólo deban dormir en la cárcel. En el caso de Miguel Ángel Blanco, en aquellas fracciones agónicas, apenas nos dio tiempo, porque al muchacho lo asesinaron sin lugar a debates. Pero es un debate, y es adecuado que Ramoneda exponga sus razones, a propósito del terrorista De Juana, hoy en El País. Menos adecuado, casi indecoroso, es que exhiba sus falacias, a las que, por otra parte, suele ser dado. Ésta, cenital: “Mariano Rajoy ha hablado del riesgo de que todos los presos de ETA siguieran el ejemplo. No deja de ser un argumento demagógico. Una huelga de hambre no es un entretenimiento. Muy pocos presos están dispuestos a llevarla hasta el final”. Un argumento demagógico dice Ramoneda, y no hablando de sí mismo. La atenuación de las condiciones carcelarias del terrorista significará muchas cosas: sobresale el dictamen de que para conseguir determinados objetivos no sea necesario llevar una huelga de hambre hasta el final. Respecto a la equiparación final entre terroristas y miembros del Partido Popular, todos mezclados en un polo de la dialéctica entre absolutos y pragmáticos de Bernstein (apreciación, por cierto, de una gran originalidad mediterránea), hay que decir menos. No tanto por repugnante como por regurgitante.

El presidente del Gobierno ha vuelto a deslumbrar en el coloquio que mantuvo ayer con el juez Garzón. No por sus presagios, que, advertida la bomba lapsus, en seguida desactivó hablando de mucho tiempo, de años y no de mañana mismo estaremos mejor. No. Lo impagable fueron sus formas de teleoperadora, ese Baltasar y ese tuteo público y notorio que le practicó al juez.

El reportero Alfonso Armada escribe el único artículo sobre Kapuscinski que ha publicado la prensa española.

 Correspondencias / Alejandro

Estimado escribiente:
«Lo que de raíz se aprende nunca del todo se olvida» Lucio Anneo Séneca.
Un afectuoso saludo.

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