31 de diciembre de 2006
El País, Editorial, 31 de diciembre del 2006
[...]
ETA tiene la culpa [Es decir, podría no tenerla]
ETA reanudó ayer el único e intolerante [el adjetivo intolerante es una vergüenza: intolerante soy yo, pero el sustantivo lo empeora] discurso [ése es el sustantivo] que ha exhibido [en cuanto al verbo le sucede lo mismo, o mucho peor: es propio de académicos o de exhibicionistas y mezcla mal con asesinos, sustantivo, adjetivo o verbo que a dos líneas ya estoy empezando a echar en falta] en sus cuatro décadas de existencia [demasiado existencialista; lo bien que iría aquí vida: aniquilada, por ejemplo]: el terror [aquí se prueba lo que anunciábamos: el editorialista está llamándole al terror discurso y señalando su carácter intolerante]. La furgoneta bomba que estalló [por cierto: no tengo claro todavía si estalló o la hicieron estallar: lo digo por el acordonamiento y los desaparecidos, y esa frase de los periódicos, "una explosión controlada por la policía"] en una de las plantas de la nueva terminal del aeropuerto madrileño de Barajas causó, por la información disponible al cierre de esta edición, dos desaparecidos [no, de ningún modo; académicos como estamos y estaremos en las páginas siguientes al hablar de los desaparecidos, debemos subrayar lo obvio: la explosión no causa desaparecidos: imaginaos, gentiles, que los ecuatorianos se hubiesen ido de putas y vino: ¿cómo se podría cargar, tan injustamente, sobre el crimen esta debilidad?: un atentado provoca muertos, heridos y destrozos. A veces no se pueden contar los heridos o no se sabe con exactitud si hay muertos: se dice "y causó, probablemente, dos muertos"; pero la palabra muertos no aparece en el periódico. Lo hará cuando pueda separarse de la costra del atentado, y duela (políticamente) menos], varios heridos leves y serios destrozos en las instalaciones, así como el caos más absoluto durante las horas que estuvo suspendido el tráfico aéreo. Con este atentado, la banda rompe el alto el fuego que anunció hace nueve meses, lo que obligó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a suspender cualquier iniciativa de diálogo [iniciativa de diálogo quiere decir pues yo no le llamo más si ella no me llama] con ella [lo ven: ella, yo no invento nada], en cumplimiento de la resolución aprobada en el Congreso el pasado mes de junio.
Así lo anunció el propio presidente en una comparecencia pública en la que, además, consideró que la acción [no: un crimen no es una acción: un crimen es una acción más una suerte de vergüenza moral en quien escribe que se tiene o no se tiene] de ETA era “el paso más equivocado e inútil que han podido dar los terroristas”. La resolución del Congreso establecía como condición para cualquier diálogo la voluntad inequívoca de abandonar la violencia. La organización [lo mismo pasa con organización: o es banda o es organización terrorista: porque si no parece algo de management] dejó ayer bien claro, con un atentado gravísimo [vamos a comprobar ahora mismo cuál es el vuelo del adjetivo gravísimo, su onda expansiva y su porqué] -se emplearon unos 200 kilos de material explosivo- en uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, [esta es la onda: lugar emblemático de Madrid, que además es mentira, y doscientos kilos: pero claro está, ya hemos dicho que un atentado, ni siquiera gravísimo, no puede causar desaparecidos] que su camino es el del terror y el miedo [ángel mío: dos adjetivos de ámbito e intensidad decreciente: una muñeca rusa al revés: y es que uno acaba por no ceder el paso a las señoras.] Se trata, una vez más, del reconocimiento de su impotencia [comprendo tu intención, la metáfora, porque ya estás cárdeno, y hasta cierto punto la comparto: pero "impotencia" esta mañana no. Su impotencia es política, no criminal. Ahora, y aunque no sea culpa tuya, me vienen al coso claudator, en fila india, todos los bobos, empezando por un tipo de aquí, un tal Barbeta, que aseguraban que el 11 de septiembre había acabado con el terrorismo etarra por su incapacidad para ponerse a la altura del golpe yihadista. Pero perdona]
Lo sucedido ayer sólo tiene un culpable: ETA. Frente al anacronismo [anacronismo le llama el académico a lo que sigue] de un grupo de terroristas convencidos de que es posible fraguar su proyecto político sobre el dolor y la sangre [la conclusión, además, es impropia de académicos: muchos proyectos políticos fraguan sobre el dolor y la sangre], la democracia debe contraponer la unidad de todas las fuerzas democráticas [la democracia debe contraponer la unidad de todas las fuerzas democáticas: melopea de demócratas], el apoyo de todas ellas al Gobierno en los momentos de mayor dificultad, la fortaleza de las instituciones y la firmeza del Estado frente a los violentos. Zapatero anunció ayer la busca y captura, para su entrega a la justicia, de los autores del atentado. No podía ser de otra manera [los apotegmas del editorialista alcanzan el total de los objetivos no perseguidos: ya sabemos que podría ser de otra manera, y temblamos, porque quizá el ediorialista callaría o, incluso, quizás, ha callado].
La dirección de la lucha antiterrorista es responsabilidad del Gobierno. A él, en particular a su presidente, corresponde decidir el camino a seguir. Para ello cuenta con el mandato del Parlamento. Lo peor que podría suceder en este momento es que las rencillas partidistas y el egoísmo de vuelo corto [ha vuelto a elegir el egoísmo de vuelo largo] hicieran aún más fácil el objetivo de la banda de desgastar y debilitar el Ejecutivo.
La acción de Barajas pilló desprevenido al Gobierno, según reconoció el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y se produjo un día después de que el presidente Zapatero manifestara su optimismo por la marcha del proceso para el fin de ETA. No es descartable que algunos utilicen esta circunstancia como munición para el navajeo [modestamente te aconsejo que elijas arma] político, pero, pese a que la crítica a la labor de cualquier Gobierno es necesaria en los sistemas democráticos [oídle de nuevo, sentando cátedra: necesaria pero constructiva, libertad sin libertinaje], no parece éste el momento más adecuado para reproches estériles [a quién puede preocupar si son estériles].
ETA ha modificado con este atentado [ado,ado] su tradicional ritual [al, al: rima interna, pleonasmo: demasiadas enfermedades para la moral] de anunciar mediante un comunicado la ruptura de una tregua, como ya sucedió con las de 1989 y 1998 [en realidad sólo había dos precedentes transfromados por el muchacho en tradicional ritual, seguramente para justificar que pillaran desprevenido al Adolescente, inmerso también en sus ritos de paso]. En esta ocasión, con la bomba de Barajas, la banda parece querer forzar al Gobierno hacia una ruptura del proceso para la paz [parece querer forzar al Gobierno hacia una ruptura del proceso de paz] que le permita librarse de culpas y justificar posteriores acciones violentas [les estás escribiendo el zutabe, chico, chico, y lo peor con su prosa]. De nuevo es una estrategia suicida e insensata [de nuevo es una muñeca rusa inversa]. No sólo porque camina por encima [menos mal que aun siendo estrategia camina por encima] del dolor de las víctimas y el terror de los ciudadanos, sino también por la frustración que provoca en la gente [viva la gente], incluida la izquierda abertzale, parte [parte de la gente] de la cual había depositado en este alto el fuego permanente [chico, ahora me has hecho gracia, permalink] fundadas [¿tú crees? ¿tú crees que fundadas es lo que elegiría un gramático zapatero? Yo no lo creo: enfundadas, más bien, y ahora desenfundadas] esperanzas de alcanzar, en el plazo que fuera necesario [sin atosigar], la paz que ansía este país. Desgraciadamente, Batasuna volvió ayer a decepcionar [como el Madrid empatando en casa] con un discurso alejado de la realidad. Su máximo dirigente, Arnaldo Otegi, se refugió en la solidaridad con las víctimas [a eso le puede llamar solidaridad con víctimas el llamado Otegui; pero no un editorialista decente] del atentado de Madrid y en una llamada al sosiego y a la responsabilidad para evitar la condena de lo sucedido. La falta de liderazgo en la formación abertzale, justo lo que más se necesita en estos momentos difíciles, ha convertido en papel mojado el famoso discurso de Anoeta, en noviembre de 2004, en el que abogaba por las vías políticas en lugar de las pistolas [Obsérvense los animalitos: el eufemismo "vías políticas" y la nítida "vía directa" de las pistolas. Poco queda de aquello. [¿Cómo no va a qudar poco, si eso no existió más que en la imaginación del editorialista?]
No basta con anunciar nuevas iniciativas para mantener vivo un proceso que, según dijo el propio Otegi, no está roto [la sintaxis dicta su ley: lo que cree Otegi es lo cree el ediorialista: es justo], o con afirmar que lo sucedido en Barajas no devuelve la situación en el País Vasco a los momentos previos al anuncio del alto el fuego permanente [otro gran éxito: en realidad no fue un alto el fuego, sino el anuncio de un alto el fuego]. El argumento utilizado por el líder de Batasuna de que la izquierda abertzale lleva meses advirtiendo de los obstáculos que sufre el diálogo para el fin de la violencia [resueltamente el editorialista ya escribe como la izkierda abertzale] resulta un sarcasmo trágico cuando la consecuencia de ello son 200 kilos de explosivos en una zona tan concurrida como la nueva terminal de Barajas [la consecuencia, a saber: doscientos kilos y el enérgico ademán de Richard Rogers: es el problema ha desaparecido]. Otegi debe responderse a sí mismo [el académico capellaneja], y a todos aquellos que se lo reclaman, si tiene el coraje y apoyos suficientes para desmarcarse de la violencia. Es la hora de la valentía. Los cobardes viajan con dinamita. [un beau geste toda una indecencia honra]




