6 de diciembre de 2006
Toros
(I)
Casa de América, noche de perros. Unas doscientas personas asisten a la “Controversia del toro y el torero”. Boadella como Brook. No sólo porque el mínimo escenario recuerde el de la magistral Carmen del inglés. Es que Boadella va camino de convertir su madurez artística es una sucesión de obras esenciales. Puede decirse, además, que ésta es su primera obra de texto, o al menos donde su texto se defiende solo, sin jarrys, plas, dalís, o cervantes. A veces pienso si no perdimos el tiempo con los mimos. El texto es de una gran delicadeza, de una visible piedad, y es profundo sin pedantería. El autor le ha dedicado muchas horas y muchas conversaciones. Los argumentos de la controversia fluyen sin ortopedias, perfectamente incrustrados en la evolución narrativa. Y están los hallazgos geniales: el desdoblamiento del toro en uno de esos hombrecillos que se ganaban la vida, no sé si aún se la ganan, haciendo de toro para entreno de maletillas. Los dos actores, Boada y Fontseré, hacen su mejor performance en mucho tiempo. Al último le llamaban Antoñete en los salones, donde se sirvió, tras la faena, un vino español. Fontseré no existe: es lo que le pongan. El segundo piafa y escupe y compone unos ojos hórridos y extraviados de toro moribundo, todo ello mientras razona como Epicuro. Una obra contra la caspa bien y malpensante, donde no gana nadie. Nadie puede ganar, en efecto. Nadie puede ganar cuando uno dice: Como necesito comer necesito la belleza, y el otro: ¿Insensible, dices? ¿Sabes por qué me aparto una mosca del lomo?
II)
Don José Montilla, este verano, de controversia en la barrera de la plaza Monumental de Barcelona.




