29 de noviembre de 2006
Ayer vi a dios. Es un peón negro. Una mujer buena me asalta después de que acabara la presentación de un libro de Juan Carlos Girauta.
—Usted se equivoca con el onceme señor. Se equivoca… Hay algo. Tiene que haber algo.
En efecto. No lo había comprendido hasta ayer. Es un movimiento religioso.
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Rajoy. Me di cuenta de que no conocía a nadie que fuera menos inteligente que yo. Qué impresionante discurso para un hombre que sólo lee el Marca. Por cierto: aquel test inolvidable de El País o la Ser, no recuerdo. Zapatero contestando sin mácula, yo leo el País, escucho la Ser, estudio en Santillana, y Rajoy, yo el Marca. Victoria Prego asegura que el discurso lo ha escrito Rajoy, de la cruz a la raya. Y añade que su ejecución (incluidos lo silencios) fue prodigiosa. Contra lo que piensa el vulgo cuando la política y la literatura se encuentran el efecto es insuperable.
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Por contraste el estilo directo de Egibar. Su semántica de piedra. Su Eta. Que tendrá “razones, excusas, motivos” para volver. Como quien vuelve a Brideshead.


