14 de noviembre de 2006

Catalán, no; catalanista

Quieren preguntarle algo a don José Montilla, en una entrevista en El Periódico.

-Por primera vez un andaluz presidirá la Generalitat democrática…

E interrumpe el exministro.

-Andaluz, no; nacido en Andalucía.

Impresionante asunto.

La semántica recreativa de los socialistas españoles añade cada día nuevos motivos para el optimismo. Aunque la entrevista no aclara qué es, en realidad, don José Montilla otras veces se le ha oído decir: «Catalán de Iznájar», o sea, del pueblo cordobés donde nació. Esto es extraordinariamente interesante, al menos para cuatro pirados de mi condición y carácter. Y es así, porque desplaza la condición de catalán de lo administrativo a lo sentimental, es decir, a lo político. Si se puede ser «catalán de Iznájar» eso quiere decir que catalán es sinónimo de catalanismo, que es lo que siempre se ha querido demostrar y se corrobora a partir de este momento por la aportación inestimable de don José Montilla.

La definición de catalanismo que da la autoridad lingüistica catalana (en este caso la más pertinente) es la «devoción a las características y los intereses nacionales catalanes», donde devoción debe de ir por lo del Virolai. Por cierto: yo le recomendaría a don José Montilla (para que supiera hasta qué punto está integrado) que consultara en el mismo diccionario normativo la definición de andalucismo. Allí no figura amor ninguno ni intereses nacionales ni realidad nacional, y sólo una doble y sospechosa referencia (es un diccionario con muchas bromitas) al idiotismo andaluz, eso sí, lingüísticamente considerado. Y es que se puede ser catalán de Iznájar…, pero andaluz de Berga, apa vés! [amos anda!].

Aún más peculiar que su gentilicio resultan ser sin embargo las razones que de su éxito social y político da don José Montilla. «Mi caso confirma que Cataluña posibilita la integración», decía en la portada del periódico. La declaración revela hasta qué punto se ha cedido terreno semántico a los nacionalistas. Integración entre españoles, apa vés! Pero, también revela, por parte de don José Montilla, un temple puramente extraordinario. En los últimos días de la campaña electoral casi le sacan los ojos a Artur Mas por decir lo mismo y sobre la misma persona. Mas argumentó varias veces, en foros diversos, que su rival era la más clara expresión del éxito del nacionalismo. Tenía toda la razón. Pero la afición no esperaba una confirmación tan rápida y tan honda por parte del interesado, capaz de distinguir (y de hacer distinguir) entre los que le nacieron y los que le dieron el ser.

(Coda: «Jo vinc d’un silenci antic i molt llarg / qui perd els orígens per identitat». Raimon Pelegero, Jo vinc d’un silenci (fragmento).

(Codo)
–Espasa, yo creo que el Perú empezó a joderse cuando dejamos de hablar de emigración y empezamos a hablar de inmigración.
–¿Y cuándo fue eso?
–Cuando fue todo. A finales de los setenta. Hasta entonces había emigrantes andaluces; pero no inmigrantes andaluces. La marca era de partida no de llegada.
–Sugerente.
–Cenital, Espasa. Item más.
–Diga.
–Memorice las vueltas que le dan para no decirse español.

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