28 de septiembre de 2006

Si algo define al socialdemócrata es su sentido del cálculo. Nada teme más el socialdemócrata que la minoría. Hoy viene esta fotografía en el periódico, con la cabeza decapitada de Mahoma. Y un párrafo editorial donde resuenan los claros clarines de la libertad.

“Con sus temores a la irritación del radicalismo islamista y su decisión por la autocensura y “rendición preventiva”, como decían ayer diversos medios alemanes, lo que ha logrado la directora de la Deutsche Oper ha sido indignar a las sociedades libres y democráticas y alarmar a todos los individuos que luchan en todo el mundo por conseguir unas cotas de libertad de expresión como las que existen en Europa hoy. Son fruto de siglos de lucha continua, con infinitos sacrificios y reveses, desde la Ilustración y la Revolución Francesa. Son conquistas irrenunciables en las que nadie debe esperar que las sociedades libres den ni un paso atrás. En nada aminora todo ello el respeto profundo a todas las creencias y religiones que conviven hoy, como en siglos pasados, en Europa.”

E incluso ¡dos socialdemócratas! plantando cara.

En febrero, sin embargo, el periódico escribía (y sobre todo hacía) esto: “La representación de Mahoma con un turbante en forma de bomba presta a estallar, probablemente la más aciaga viñeta de la colección objeto de este despropósito general, puede ser percibida como un agravio por muchos creyentes musulmanes, motivo fundamental por el que este periódico ha decidido no reproducirlas.”

Este despropósito general.

Dentro de veinticuatro horas algún idomeneo escribirá que una cosa es Mozart y otra el Jyllands-Posten, en representación de todos aquellos que opinan que la libertad es un problema estético.

¿Naivists? Hummm… Todo lo contrario: Paos: principios atenuados por la oportunidad

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