27 de agosto de 2006

El periódico de papel se ha acabado. Evidentemente, después de que se inventaran las neveras, y durante algún tiempo, hubo gente que siguió comprando hielo. La nevera está inventada. En el kiosco no hay nada comparable, ni puede haberlo, a las versiones personalizadas de los periódicos que van afinándose de manera prodigiosa. Mi Mundo es una maravilla de sencillez y eficacia. My Times presentará novedades excepcionales respecto al papel del periodista y su relación con el lector y la empresa. El guión diario del mundo ya es, definitivamente, cosa de dos.

Sobre el sentido moral

(I)
cuando este periódico (que fue pionero en eso, como en tantas otras cosas) empezó a publicar crónicas sociales escritas con retintín -me escogió a mí: eso indica que no querían a chupamedias ni lameculos en semejante trance-, elegí Marbella, que había frecuentado durante mi intenso interludio en Cambio 16, para esta revista había cubierto el funeral de Paquirri, entre otras cosas, y eso sí que tuvo riesgo.

(II)
Cortesía de Fernando Peregrín.

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