30 de junio de 2006
Excelente discurso ayer, el de Zapatero. El mejor de su vida, por no decir el único. La jura de Santa Gadea está dispuesta. El presidente se comprometió ante los ciudadanos, con solemnidad mediática, a una negociación con Eta donde no se quiebre la legalidad. Su mención al respeto de las decisiones de los vascos sólo puede ser entendido en los términos constitucionales que esa expresión conlleva. Por si hubiera dudas, sin embargo, el presidente apeló al respeto a la ley y a los procedimientos, a la necesidad de “decidir juntos” (expresión de su rechazo al plan Ibarretxe) y al pacto constitucional de 1978 como eje de su política. He oído que un dirigente del ilegal partido Batasuna aplaudió las palabras de Zapatero: imagino el cabreo de sus bases, partidarias de la unidad de Euskalerria, la anexión de Navarra y el ejercicio del derecho de autodeterminación, al ver que sus líderes coinciden y celebran la propuesta del presidente. Hasta la realidad, les aguarda un duro camino.
Por lo demás traté de saber si el presidente había leído su discurso. No, me dijeron. Hummm… Qué extraordinario. Un discurso tan delicado, donde las palabras han de medirse. Y los precedentes… Zapatero, sin papeles, es un orador que roza lo pésimo. Tengo la sospecha de que se lo aprendió de memoria. Pero, en fin, tal vez sólo es que ayer vio el rayo verde.
Mañana veremos lo que hace.




