26 de mayo de 2006
Nicolás Sartorius venía a decir la otra mañana que estaba chupao. El modo mágico con que afrontaba las consideraciones de tipo político (las que él llamaba así) tiene poca importancia porque su carácter fabulador está a la vista de cualquiera. Pero no así las circunstancias (siguiendo su léxico) de orden carcelario. La liberación de los terroristas presos sería para el articulista una decantación lógica e inexorable del principio constitucional que señala que la función de la cárcel es reeducar y reinsertar. Es decir, aunque él no se atreva a desplegar el razonamiento resultante: si Eta declara el fin de la lucha armada, la finalidad reeducativa y resinsertadora se habrá producido automáticamente y los individuos estarán prestos a beneficiarse de la generosidad del Estado. No dudo que acabará siendo como Sartorius dice, por supuesto. No hay ninguna razón por la que la excacerlación de terroristas no debería verse afectada por la general pérdida de sentido de la vida política española. Es más: y me voy a poner de pie: es probable que la resolución del conflicto (primera condición así llamarle) necesite del caos. La liberación y enloquecimiento de las palabras, ya desprendidas de su semántica, puede ser la llave para abrir los muros. Antes se le llamaba situación prerrevolucionaria: las masas asaltaban los palacios y las cárceles. Ahora basta con una floración inesperada de anacolutos. Tal vez después sobrevenga un período de orden y de acuerdo de fondo y forma.
Ahora bien, mientras las cárceles no se vacían habrá que atender al vaciado de las palabras. Y desde luego es una pieza brava el carácter colectivo (de impulso colectivo) que Sartorius da a la reeducación y a la resinserción. Basta una decisión del centro semántico Eta para que la redención alcance a todos sus individuos, sin que su arrepentimiento individual vaya a ser algo más que una línea de puntos a rellenar en un formulario. El arrepentimiento es un orden. Como lo era el matar. Es lógico que así lo entienda Eta. Menos que lo asuma el Estado. La situación contrasta vivamente con la de los individuos sin centro semántico, así tomados de uno en uno. Estas noticias, por ejemplo, que el ciudadano Manuel Borraz trae sobre Tommouhi.
•
Que me aseguró M. que en Marbella hay un burdel con La Recherche en todos sus tomos y las obras completas de Voltaire.


