25 de mayo de 2006
La conveniencia de instalarse en Andalucía para proceder al estudio del nasionalismo es ya evidente. Y la gracia, que no falte. Sobre la gracia, una señora fumadora y embarazada daba en la cena las últimas noticias. Cómo cerró la doctora Carmen Calvo un mítin andaluz: “Cháve, que tú has hecho por las mujeres de Andalucía más que la píldora”. Lo que si se piensa a fondo quiere decir lo mismo que: “Cháve, que tú has hecho por las mujeres de Andalucía más que los hombres.” La señora embarazada comenta un reciente trabajo del cronista Caraballo sobre el Estatuto y el flamenco. Olé, firma entre volutas. Al alba, mientras Marbella finge dormir, me encaro con el artículo 63.
—Oye!, —le digo, mientras por la ventana llega un manojito de mar y de albahaca, ah.
—“Corresponde asimismo –me responde con su seseo, su ceceo, su hache haspirada, y todas las pólizas exigibles— a la Comunidad Autónoma la competencia exclusiva en materia de conocimiento, conservación, investigación, formación, promoción y difusión del flamenco, como elemento singular del patrimonio cultural andaluz.”
Y se fijan en el Guadalquivir y la realidad nacional, teniendo esto. El primer ejercicio procedente es éste: “Le corresponde a la comunidad de New Orleans la competencia exclusiva en materia de conocimiento… del jazz…, como elemento singular del patrimonio.” El segundo es la fulminante denuncia, pena que no hayan abierto aún las juzgados, por apropiación indebida. ¿Desde cuándo el flamenco es andaluz? El flamenco es por el suelo gitano y por el cielo español, español de ida y vuelta, abandolás. Lo que llamamos flamenco, claro, no esos cantecitos de siego y siega. ¡Competencia exclusiva en materia de conocimiento!, dice la proeza. Pero el artículo adquiere un valor simbólico absolutamente exponencial: el nasionalismo como limitación del conocimiento, la conservación, la investigación, la formación, la promoción y la difusión de la vida. Jamás el achique de espacios se había expresado con tanta oportunidad y belleza. Y con tanta gracia.


