17 de mayo de 2006
El Palacio de Congresos de Badajoz. Un edificio impresionante. Aquello de Buffon: el estilo es el puñetazo. Me parece muy razonable respetar la trama, y mostrarse educado en casa ajena. La herencia, los siglos, la muralla, el insoportable peso pasado. ¿Pero qué pasa cuando uno construye el mejor edificio que haya tenido una ciudad en su historia, y lo sabe y le dan permiso, y pude, quise, lo hice? Hay edificios que son su trama, y sólo esperan que el tiempo lo pruebe. El cilindro del Palacio está hundido en un territorio mítico. Más trama. Para construirlo hubo de derribarse la antigua plaza de toros de Badajoz, lugar de una de las más crueles matanzas de la guerra civil española. Ésa es la razón por la que Izquierda Unida se opuso a la construcción del Palacio. Quería un monolito. Un espacio yermo. Al parecer es en los yermos donde arraiga mejor la memoria. Tal vez quisiera también Izquierda Unida un centro de interpretación. Están de moda. El problema, poco considerado, es que la memoria ocupa espacio. Se ve muy bien en las ciudades, a la hora de optar entre que la memoria levante sus templos o lo haga el presente. Pero también la memoria virtual ocupa espacio. En los ordenadores y en los cerebros de los hombres. España está infectada de memoria. De memoria simbólica, hablo, que es la estéril. Tan infectada (tan adicta) que aún piden más, sus insaciables gestores. Trae el Abc de hoy una entrevista con Elliot. Con su habitual prudencia deja ir una crítica contra el traslado de los papeles de Salamanca, El argumento es la fragmentación del archivo y los perjuicios que esto causará a los investigadores. No comparto esta crítica. Sólo desde el sentido simbólico puede hablarse de fragmentación. Desde el punto de vista técnico, y gracias a las reproducciones, el archivo mantiene su unidad. Pero Elliot plantea una cuestión de interés, cuando viene a decir que las razones de la justicia histórica son menos importantes que el acceso al conocimiento. Exacto. La perversión se produce cuando la memoria se propone como objeto meramente simbólico. La fragmentación del Archivo de Salamanca habría sido intolerable de haber afectado a la capacidad de conocimiento. Con los símbolos se puede pactar, pero no con la ignorancia. Una obra de arte como el palacio de José Selgas y Lucía Cano, que el Moma ha elegido entre los mejores edificios de la España contemporánea, separa limpiamente Badajoz de su remota tragedia. Yo celebro ese corte. Además está hecho con extrema sutileza. No es un mausoleo, pero ese edificio libre y contundente, sólo pudo hacerse aquí. Al fin y al cabo es una plaza de toros alambrada de acero y luz. Es decir, el pasado como inspiración y no como expiración.
•
Le envié a Charo González esta estupidez. Respondió con su habitual elegancia:
“Fascinante. Ahora que tengo un detractor propio comprendo mucho mejor la importancia de tener una leyenda que alimentar. He estado tentada de enviarle la famosa entrevista de Montserrat Roig -(…) li faré remarcar que el meu amic Josep Pla, els articles en castellà, els firma José Pla. Si jo publiquès en castellà, cosa que Nostre Senyor no permetrà, els firmaria Eugenio Xammar- Por desgracia, el estoicismo forma parte de mi deplorable naturaleza de prologuista españolista.




