29 de abril de 2006

¡Qué hermosa mañana! Desfilan todos y por la misma avenida. Un concentrado delicioso, donde destaca el ritmo coral por encima de la melodía particular. ¡Oh periódicos! Guión de mi vida, rechinar de mis dientes, ¡mi bruxismo!; pero sobre todo alegría de mi cara dormida, sonrisa vertical que sube y baja columnas.

Susote,

Nuestro sistema nervioso tiene una raíz oculta, o una antena, que nos conecta al pasado, un filamento que nos conecta con la especie. Dicho de modo más personal y real, nos conecta a nuestros muertos. Y ellos nos transmiten sus humores, de allí nos llegan mensajes a los vivos.

La muerte es el gran misterio, fuente última de toda religión, sistema de pensamiento y de valores. La ignorancia fingida o forzada de la muerte es una forma de alienación pura; bien contemporánea. Vivir fingiendo el olvido u olvidando realmente el pasado conduce a la locura. Nos salvan una y otra vez las llamadas de los muertos que están mal enterrados y que se nos aparecen y aparecerán hasta que les demos lo que nos piden
Rivas,

Que la percepción, la capacidad sensitiva, está influida por la relación que mantenemos con las palabras es una evidencia tan poética como científica

España tiene esa suerte, esa riqueza. Además de la fortaleza internacional del castellano, contar con tres idiomas más. Uno de ellos, el gallego, nos permite comunicarnos con los países de habla portuguesa como Brasil.
Atxaga,
Hay que salir fuera para ver lo que significa la palabra casa.

Gracias a la lengua somos sobreranos de nosotros mismos.

Y el catalán, moi,
diciendo estupideces en los coloquios, asegurando que los periódicos han dejado de ser una cosmovisión.

Un excelente artículo de I. Carretero en “Diario de Cádiz”, dado que ayer vi como gentes incluso razonables apoyaban el concepto “realidad nacional” para Andalucía: “Hay que seguir jugando en Primera”, se justificaban. El artículo examina los vaivenes de Chaves, que se agarra al final al mismo clavo de Cristo de la realidad nacional “una garantía (eso cree) de los derechos del 28-F”. El/La periodista Carretero, estupefacto/a, se pregunta cómo los preámbulos, que no tenían valor político, jurídico ni normativo, son capaces ahora de desterrarte del cielo.

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