25 de marzo de 2006
El difunto Montalbán escribía desde muy joven que la última batalla se librará entre comunistas y excomunistas. Él era las dos cosas: y sólo como trasunto personal la frase tenía sentido. Desde el punto de vista colectivo la situación es, exactamente, como la describía ayer el periodista Enric González, desde Roma. Es en párrafos crema como este donde el periodismo encuentra su lugar auténtico en el mundo. El lugar, por cierto, del que habla hoy Bastenier con su leve cinismo: “La mayoría de los libros escritos por periodistas en España quieren ser otra cosa: libros de historia, altísima ensayística política, documentos para la posteridad y demás”. Le ha faltado rematar especificando el tipo de libros que hoy escriben historiadores, filósofos y novelistas: libros todos indiscutiblemente periodísticos. Pero vuelvo al párrafo del corresponsal romano. Dice: “Otro elemento contribuyó a dotar la campaña de atributos oníricos: los zapatos. Tras la trifulca entre Berlusconi y Diego della Valle, fabricante de los zapatos Tod’s, en la asamblea de la patronal Confindustria, los mocasines se han convertido en una insignia política. El centro-derecha ha renunciado a calzarse con Tod’s. En el centro-izquierda, en cambio, todo el mundo ha sacado del armario sus Tod’s para lucirlos como un emblema”. He aquí, pues, y para siempre, los ejércitos de la batalla final. Agrupémonos Tod’s.
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Caín
(La Razón, 23 de marzo de 2006)


