1 de marzo de 2006

La muy completita prensa socialdemócrata. Este mes la revista Marie Claire (siempre bien hecha, siempre imprescindible) publica un apasionado reportaje contra el machismo, que conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Uno de las tareas fundamentales del reportaje está contenida en la transcripción de estas palabras de la profesora Caballé: “Las políticas de discriminación positiva son necesarias hasta que la sociedad sea capaz de ver con naturalidad que las personas desempeñan un cargo en función de sus aptitudes y no de su sexo”. Se dejará al margen el extravagante camino que se indica para llegar a la naturalidad. Luego está eso de las aptitudes y no del sexo. ¡Como si el sexo no fuera un aptitud, y entre las principales! Conozco hombres que se morirían de gusto (y gratuitamente) por anunciar ropa femenina (mejor íntima) en el Marie Claire de abril. En cuanto a las cuotas, tengo algo que añadir, porque pudiera ser que yo también estuviera a favor. Por ejemplo la cuota de gordas, feas y viejas del Marie Claire que espero en abril. La discriminación positiva, naturalmente. ¿Quién podría oponerse? Hasta que la sociedad sea capaz de verlas con naturalidad y de distinguir entre las bragas que se anuncian y el culito que las monta. Más de la mitad de las páginas de cada Marie Claire las ocupan muchachas que están ahí por su cuerpo. Por un determinado cuerpo. Algunos de los anuncios, como el de este mes de Sisley (y los de todos los meses), asumen esta circunstancia con una suave naturalidad irónica. “J’adore les paparazzi”, dice la petulante monada con sus tacones de aguja, sus pantaloncitos, el ángulo trazado de sus piernecillas y sus labios frutales del Caribe. Esa naturalidad irónica que se echa en falta en los sermones de las páginas textuales. Es natural. También el chico este Ronaldinho está por su cuerpo en el campo. Y hay miles de ceporros dando patadas a un balón que se lamentan por su suerte, pero que no exigen cuotas. Toda la revista, cada mes, está basada en un exuberante despliegue de erotismo chic a propósito de un lápiz de labios, un perfume, o un conjunto de satén. Es cierto que no alcanzo a ver la finalidad de semejante exhibición. Al fin y al cabo no hay registradas oficialmente tantas lesbianas y los hombres que hojeamos estas revistas por deber profesional o por otro tipo de perversiones que no sabría detallar, somos una exigua minoría. El sesgo erotizante de las páginas de Marie Claire es un completo misterio para mí. Es obvio que los anuncios no venden ropa, sino mujeres (determinadas mujeres) con ropa, Mujeres que, seguramente, llaman a otras mujeres a la tentación (a la imposibilidad, franca y manifiesta, como toda tentación auténtica) de ser como ellas. El espectáculo de la socialdemocracia femenina, sin embargo, es que mientras eso sucede en wild side, airadas capellanescas castiguen con el infierno y sus cuotas, en las páginas de leer, a las degeneradas. La socialdemocracia: alma, corazón y vida.

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