31 de enero de 2006
(Para José María Albert)
La prosa del cac revela a la perfección su esencia y presencia. Dice: “En el transcurso de la entrevista al señor Rubianes efectuada en la edición del programa El Club del viernes 20 de enero se formularon unas opiniones [opiniones, dice, el Cac, de la puta España: opiniones lleva en sí mismo, prendado de sí mismo, el adjetivo respetables: es como cuando se dice causas del terrorismo: siempre son justas] y expresiones [véanlo: “se formularon unas expresiones”: antes de afearle a nadie la conducta el cac debería revisar su gramática, flatulencia burócrata y joroba moral] sobre la unidad de España [ajajá: la unidad de España, el viejo sintagma marcado. El cac miente y está contraindicado en el Ente que ha de fijar por ley la veracidad. El tipo habló primero de la unidad de España, y luego, sintiéndose a gusto, de España, con esa sucinta imagen de los cojones íberos colgando del campanario. El tipo no habló de “su” España, refiriéndose el posesivo a los fascistas (del Partido Popular). España, y a tomar por culo] que, por su tono [el tono, dice, el cac, como un novelista: lo que más me cuesta es encontrar el tono: el tono de sus opiniones y expresiones: a mí me cuesta para hablar de cac], pudieron [depende cómo se lo tomaran: hay gente susceptible] resultar ofensivas para segmentos de la audiencia. [segmentos de la audiencia es el cebo, pero no me pillaréis: acabaréis ahorcados de vuestro propio intestino grueso. Pudieron resultar ofensivas: pútrida manera de que la carga de la responsabilidad recaiga en la víctima. Pero sobre todo la abyección que supone el hecho, ya probado por el órgano de la veracidad, que segmentos de la audiencia no se sintieron ofendidos por las palabras de Rubianes: lo primero que debiera hacer el cac es investigar a su público, si lo supone así. Especialmente a esa parte de su público que forma parte del cac: repito que ahorcados con vuestro propio intestino grueso, gente] La reacción del conductor del programa, señor Om, fue contemporizadora [en absoluto dijo viva y bien: jaleadora: pero los reproches tienen un punto no justificado: el señor Om Contemporizador pertenece a otro segmento de la audiencia: ¿a qué pues?] y desatendió el establecimiento de los límites que son exigibles en una televisión pública. [¿cuáles son esos límites?: y cómo establecerlos si la responsabilidad recae sobre el ofendido.] Aunque en el caso que nos ocupa se trata de la opinión de un invitado a un programa en directo, el operador y el conductor del programa tienen la responsabilidad de plantear a sus colaboradores e invitados las normas legales y deontológicas a respetar. En este caso no se produjo satisfactoriamente. Por ello, el CAC insta al operador y al conductor responsables del programa a insertar la lectura de este comunicado y a la petición pública de excusas a aquellas personas que se sintieron ofendidas. [Ninguna lectura de las normas legales y deontológicas puede impedir el delirio de un tipo en directo. La irrisoriedad del cac, su papel mojado y subvencionado, se pone de manifiesto en esta sobreactuación. El operador (así lo llaman, con su neuroconexión de centralita) no debe disculparse de nada que no sea su propia y mezquina pasividad posterior a los hechos y la evidencia de que no ha condenado (ni, seguramente, lo hará) los exabruptos de Rubianes. Es éste quien debe disculparse y reclamar olvido. Lo mismo Om Contemporizador. Queda, sin embargo, un segmento. Esos que rieron a mandíbula batiente. Veo que el cac no dice nada. Esa genteta podrían argumentar que rieron fascinados por el insulto, por la arrasadora evidencia contextual del insulto. Como el pequeñín que dice mierda en clase de matemáticas sin pararse a probar cómo sabe, sólo el puro efecto de decir mierda en el templo, cómo se atreve, jua, jua. Pero la genteta no puede invocar esto. Decir puta España en TV3 es como hacerlo en el campo del Barça. En fin… què hi farem…Siempre hay apasionados. O sea que ningún mérito sacrílego. Ninguna disculpa posible del tipo yo me reía más por sus cojones que por los cojones o’clock de España. La nota del cac, el segmento (ontológicamente agusanado) de la audiencia y la historia toda acaban probando algo realmente estremecedor: en Cataluña los hechos eran ya opinables. Ahora lo son también los insultos.
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