30 de enero de 2006

Palabrotas (I)

Una de las causas del silencio de papel sobre lo de Rubianes afecta a la sensibilidad. Hay que escribir esto: “Que se vayan a tomar por el culo estos españoles, ojalá les exploten los cojones y vayan al cielo sus cojones, se vaya a la mierda la puta España.” Estas declaraciones son difíciles de transcribir en los periódicos convencionales y más difíciles aún de titular. Es decir:

“Rubianes manda ‘a tomar por culo’ a España”
“Rubianes manda ‘a la mierda a la puta España”
“Rubianes desea a los españoles que les ‘exploten sus cojones’ y apuesta porque luego ‘vayan al cielo”

Todo esto es fácil de decir y difícil de escribir. Un ejemplo: cuando el diario El País tuvo que anunciar que Pujol había mandado a la mierda a los socialistas en dos en dos, títuló: “Pujol denuncia una campaña de acoso y derribo”. Ante la ocasión Rubianes, los diarios podían haber optado por un titular interpretativo y sincrético. Por ejemplo: “El cómico Rubianes insulta a los españoles”. O: “El cómico Rubianes insulta a España”. Demasiado grave. Demasiado enfático. Los problemas se acrecentan cuando se piensa que los periódicos debían introducir, por fuerza, alguna alusión al preentador y al público. “Rubianes insulta a los españoles en un programa de televisión entre la complacencia del presentador y el alborozo del público”. Buf. ¿Quién mete eso en un titular? Habría que llamar a Bayón: “El nuevo Papa, un polaco joven…” Enormes problemas técnicos. Hay algo interesante en todo ello: la distancia aún entre el audiovisual y el periódico. Es la mediación. El periodismo. En la vida en directo todo es posible. Pero en el periódico. Hay que mediar. Hay que escribir. Hay que escribir, por ejemplo, Rubianes. Graves resistencias. Yo mismo me noto lo que me fuerzo.

Palabrotas (II)

Por otra parte es bien sabido que el periódico lo puede decir todo. Basta con que no haya palabrotas. Entre las cosas más ambiciosas que haya dicho un periódico en los últimos tiempos está la información de El País sobre un crimen cometido en Palma de Mallorca en enero de 1977. La víctima fue María Dolores Santiago Palenzuela. Ahora la policía cree saber quién la mató, aunque el crimen ha prescrito. Lo sorprendente es que informa al periódico de quién cree que es el culpable (lo único que no da es su nombre, seguramente para no hartarse de balón). Y más sorprendente todavía que el periódico lo publique. La policía y el periódico señalan al culpable: que al igual que no puede ser declarado culpable, tampoco puede ser declarado inocente. En el limbo, pues. Pero pecador.

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