26 de enero de 2006

El cada vez más excelente Verdú. Para que aprendan los niños. Su defensa del conocimiento horizontal. Es de los pocos españoles que entienden que hay que trabajar con todas las ventanas abiertas. No es una metáfora. Me refiero a los programas del correo, a los buscadores, a la agenda, a los periódicos digitales, a los blogs sindicados, que acompañan al documento maestro donde uno, por ejemplo, está escribiendo esto. De un modo u otro todas las novedades piden permiso para entrar en el documento maestro: los filtros son variables, aunque en general muy estrictos: entren o no, cada timbrazo provoca asociaciones fértiles que en un momento u otro se utilizarán. Hay ruido, desde luego; pero el volumen siempre lo controla uno. En cualquier caso, mucho menos ruido que el que resuena en la cabeza cuando uno se encierra en la casa de la playa, con el invierno, el mazo de hojas impolutas y la botella de whisky. Amazon ha entendido muy bien estos cambios. Ha empezado a vender los libros de ensayo como iTunes vende la música. Por capítulos. Aún habrá de sofisticarse. Por hojas. La gran librería no hace más que adaptarse a los usos normales de los lectores. La mayoría de los ensayos se catan. Sólo con un puñado de elegidos vale la pena seguir el fascinante viaje de construcción de su pensamiento. La hegemonía de la ficción ha sido determinante en esta forma intensiva de leer. Y las estrategias lectoras del ensayo se acercan más a las del periódico que a las de Hammet. Sólo falta que las editoriales lo entiendan y vendan sus libros en la red, también de modo homeopático. Y una última cuestión: puede que el conocimiento horizontal sea superficial: quiere decir que salta de cerebro a cerebro: sin arriesgarse a los intestinos.

La cuestión sensible no es que el patriota Rubianes diga esto. “Ojalá les exploten los cojones (a los españoles) y vayan al cielo sus cojones” (…) Se vaya a la mierda la puta España”. La cuestión sensible es que no haya patriotas catalanes o vascos que hagan lo mismo con Cataluña o el País Vasco.

Realmente está cambiando mi opinión sobre la prensa extranjera.

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