11 de diciembre de 2005. 5149

Después de doce temporadas en una escuela de Periodismo no me atrevo a decir si la calidad intelectual de los alumnos que llegan mejora o empeora. Hay datos sumamente contradictorios y tampoco sé si doce temporadas permiten una opinión fundada. Están, desde luego, las terribles anécdotas. Dado que es una carrera de segundo ciclo recibo cada año un porcentaje de alumnos licenciados y casi siempre un porcentaje de licenciados en Filosofía. Ya es un clásico que en un momento u otro, y dando unas notas sobre el estilo, me refiera a Montaigne, y que pregunte si saben quién es. No, es la respuesta abrumadoramente mayoritaria, incluyendo filólogos y filósofos acabados o en ciernes. Hubo un año que una jovencita despuntó entre el fondo de la clase:

—Sí, yo sé quién es.
—Bien, muy bien. ¿Qué puede decir de él?
—Pues que es un francés…
—Bien, muy bien.
—Que escribe sobre…
—Excelente, escribe sobre qué.
—Sobre esto…
—Esto…
—Esto de los regímenes alimenticios. Comidas para adelgazar y todo esto.

Es lamentable, y muy periodístico, que las anécdotas sobre alumnos honrados resbalen por la memoria. Pero, a pesar de las anécdotas no estoy seguro de que el nivel general empeore. Sin embargo, sí me parece evidente su paulatino desentendimiento de la actualidad. Para precisarlo más: su paulatino desentendimiento del relato central, periodístico, de la actualidad. Para empezar, un dato empírico. El descenso del número de periódicos que entran en la clase. La otra mañana, de 33, sólo uno llevaba el periódico encima. Hablo de periódicos y no de hojas de parra. Massing, en uno de los dos artículos sobre el estado de la nación, que ha publicado en la Nyrob, da estas cifras sacadas de Turned out, el libro de un David Mindich: un 70 por ciento de americanos mayores de 40 años lee un periódico al día; entre los menores de esa edad la cifra baja al 20 por ciento. Mindich no cree que la mayoría de estos jóvenes lean periódicos a medida que crezcan y ofrece la evidencia estadística de que en los años 50 y 60 los jóvenes leían igual que sus padres. Tampoco está seguro de que el periodismo digital supla la carencia. Así concluye: “América afronta el mayor éxodo de ciudadanía informada de la historia” Yo tampoco he visto en mi pequeña, pero sostenida experiencia, que los chicos saquen de internet lo que nosotros sacábamos del kiosco. Pierden pie con inquietante facilidad en cualquiera de los argumentos informativos del día. Se trata de futuros periodistas desinteresados de la actualidad. Aunque es probable que estén construyendo la suya. Habla Massing, entre interrogantes, del fin de las noticias. Creo que es más exacto hablar del fin de la Actualidad. De este mayúsculo singular.

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