10 de diciembre de 2005


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Este es el instante histórico en que un José Maria Alfaya, militante comunista, expresando su interés en que la Cia hubiese organizado el atentado contra Carrero Blanco, declara al programa arrevistado “Cuéntame”, de la cadena pública: “Así los asesinos hubieran estado del lado que creo yo que tienen que estar los asesinos”. Dommage, Alfaya!. Lo mataron los de tu lado. Mira por dónde, Alfaya, has ido a dar con el problema nuclear de tu paso por la vida. Que vachaché, Alfaya! El arrevistado “Cuéntame”. Arranco con Alfaya. Por empezar por algún lado. Nunca vi nada igual y el problema es que no puedo explicarlo. No tengo medios técnicos. La única posibilidad de exhibirlo en toda su profundidad sería pasarlo por un Claudátor visual. Un Arrêt sur les images, el décryptage semanal de Tf-5 y Schneidermann. Es improbable que la televisión y el sistema mediático español aguantaran un programa como ése. ¡Cómo exhibir sin el Claudátor la untuosa voz del narrador, tan ofensiva en su tonillo fabulador, en su érase una vez, cuando explicaba que poco antes del atentado la viuda de Carrero había amadrinado un avión de la flota de Iberia, llamado Claudio Coello! ¡Cómo explicar la infinita vergüenza ajena que procuraban las intervenciones de todos los que hablaron en el programa, de todos absolutamente, y bien que lo siento por algunos que aprecio, rematados por el propio hijo de Carrero, el cautivo necesario, la coartada de respeto! Inútil sin l’Arrêt. Quede como testigo de la imposibilidad esta imagen del maquetista.


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Se quejaba el pobre hombre de que la historia siempre lo había dejado al margen, él, que había medido hasta la cola de las ratas de la calle Claudio Coello; él, virtud oscura del éxito de Pontecorvo; él, que había buscado por todo Madrid un cochecito de juguete como el del Almirante, hasta dar triunfalmente con él, este divertidísimo ataúd que manoseaba ante la cámara y con cuyo morrito acariciaba la cornisa del Convento. Se quejaba el hombre de su apartamiento. No sabe con cuanta razón. Porque era mucho más que el autor de la maqueta de Pontecorvo. Era el autor del “Cuéntame” entero. Una maqueta. Y de la historia misma. Otra maqueta. Se le pague el copyrigth. Aunque deberá compartirlo con Eta. MaquEta. A jugar no me gana nadie. El problema del terrorismo. Ellos hacen la historia. Los demás (salvo las víctimas) responden con maquetas. Todo está perdido, pero éste también es un sentimiento liliput.

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