29 de noviembre de 2005
Tres notas vascas (y III)
Un corresponsal muy inteligente de Michael P. Lynch, el autor de La importancia de la verdad, le escribe que uno de los efectos psicológicos más perversos de la guerra es que no sólo puede hacer que nos preocupe menos la vida humana, sino que, asimismo, puede impedirnos saber lo que realmente nos preocupa al ponernos en situaciones en las que nos debatimos entre diferentes imágenes de nosotros mismos”. No sé si de la guerra. Sí del terrorismo. Y sobre todo de la extraña drôle de guerre vasca. Las diferentes imágenes de nosotros mismos. ¿Qué separa a unos de otros, a los constitucionalistas que hace tan poco tiempo luchaban codo a codo? Circulan razones. Algunas envenenadas. Se dice, por ejemplo: “Nada en especial. Sólo que algunos independientes están donde han estado siempre. Es decir con el poder”. Se dice otra cosa terrible: “El problema está entre víctimas. Quiero decir, entre las que han sido víctimas y las que podrían serlo. Muy humano” O bien se alude a problemas laborales. “Reinsertar a los terroristas es un grave problema. Pero qué decir de la reinserción de los contraterroristas”. Da igual que sea falso. Se lo echan en cara unos a otros. No parecen comprender que esta gresca la gestionan perfectamente los terroristas. Como el terrorismo no es una guerra es inútil esperar una rendición. Un terreno conquistado. Un abrazo. El terrorismo es un puño levantado. Incluso cuando cae. Su objetivo nunca ha sido vencer, sino determinar los movimientos de los ciudadanos libres. Ahora es el hipotético regreso lo que los determina. Esta drôle de guerre puede durar años. Como guerra puede resultar ridícula. Como proyecto de tutela puede ser perfectamente eficaz. Entre otras razones porque ya no es solamente la incierta inteligencia terrorista la que la gestiona. Hay incorporaciones, otrora molestas por la sangre. Tal vez fuera buena idea establecer lo que nos preocupa. Antes eran la libertad y la vida, dispuestas en el orden de cada cual. ¿Y ahora?
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Descubro que Karl Kraus disfrutaba de una herencia. Muy afectado.




