27 de noviembre de 2005

Tres notas vascas (I)

(“Es muy importante ir paso y hacerlo bien. Las víctimas deben saber que quienes les han producido ese daño son conscientes de haberlo hecho y sería muy conveniente que, además, se produjera una petición de perdón. Pero todo esto no hay que confundirlo con la humillación, a partir del objetivo de la derrota total del terrorismo. Eso no es.”)
Jonan Fernández, coordinador de Elkarri

Después del acto veo a la viuda de Baglieto en un rincón del María Cristina. Tiene la misma cara de muñeca lacada, el mismo trazo expresionista que le puso Iñaki Arteta en la película.
—Desde que hablé habrán pasado como tres años. Lo peor vino luego. Ya me sabe mal que no lo haya podido explicar.
La cuestión es que el asesino de Baglieto ha comprado un local, una antigua cristalería, en los bajos del edificio donde vive la viuda, en Azcoitia. Este hecho debe de tener una explicación, pero Pilar Elías, la viuda de Baglieto, hoy concejala del Partido Popular, no la conoce. Tal vez la conozca el asesino, pero no está en los salones. La cuestión es que el asesino de Baglieto ha comprado un local, una antigua cristalería, en los bajos del edificio donde vive la viuda, en Azcoitia. Este hecho debe de tener una explicación. Las víctimas no olvidan, desde luego. Pero los asesinos tampoco. Pueden ser celebrados a la hora de los himnos y otros dopajes, y puede que en estos momentos su alienación resuelva el mundo y el pasado. Pero este acto administrativo, económico… Comprar un local, sus bajos, echar cada día arriba y abajo su persiana, con un cadáver arriba. No, no es un acto subvencionado por el olvido. ¿Entonces qué es? Yo quiero que alguien me explique qué es porque creo que entonces estaré cerca de comprender lo que ha sucedido, lo que sucede y lo que sucederá en el País Vasco. La historia del asesinato de Ramón Baglieto es ática. Según se cuenta, iba andando por la calle, un niño cruzó inopinadamente detrás de la pelota, venía un autobús, su madre se echó para salvarle, y el autboús los mató a los dos. Aunque pudieron ser tres los muertos, si no hubiera sido porque Baglieto, que observaba la escena, arrancó de los brazos de la madre el bebé que llevaba. Bien: al cabo de los años el ex bebé acabaría matando a Baglieto. Esta historia ática ha despertado siempre en mí un punto de sospecha, pero sólo debe de tratarse de mi carácter. Lo cierto es que en toda la historia el nudo inaudito no está en el azar del coro. Sino en la deliberación. La cristalería. Y esos trámites, la hipoteca, el notario, vueltas y revueltas (qué lejos de Eichman y la banalidad del funcionariado), y cada mañana y cada noche la persiana y la cara de esa muñeca lacada mirándolo con sus ojos grandes, reventados de luz.

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