26 de noviembre de 2005
Cataluña es una sociedad profundamente cívica; gustará o no la cultura nacional dominante en ella, pero no hay duda de que tiene una gran cultura cívica y un profundo sentido de la dignidad colectiva. Y por eso Cataluña estuvo en la vanguardia de la lucha contra el Régimen y fue determinante, luchaban para existir como ciudadanos y como país. Eso querían entonces. Cataluña ha optado en estos años por el diálogo para que fuese reconocida su existencia nacional, para ser aceptada por los españoles, por España. Este episodio en que estamos es una nueva vuelta de tuerca. Los políticos catalanes habrán sido más o menos hábiles, tenido más o menos miras, pero son los representantes de los catalanes, merecían respeto ellos y sus propuestas, había que escucharlas. Y fueron despreciados. Y no, definitivamente no es por dinero. Todos discutimos por dinero, unos reclaman y otros no quieren soltar, pero las discusiones por dinero, los negocios, se solventan.
La pregunta es qué pasa cuándo dejo ese párrafo ahí arriba. No lo que le pasa a cualquier hombre alfabetizado. Lo que le pasa al texto.
La respuesta, parte de ella, la dio Kraus hace mucho en la Fackel.
Blog en texturas.
Un Colectivo Todoazen, formado por tres escritores moderados de renta, ha escrito una novela con escolios: “El año que tampoco hicimos la revolución”. Salvo los escolios, el resto de textos fueron ya escritos. Papel de periódico. En la contraportada se dirigen a Zapatero. El presidente regaló un libro a sus ministros que se llamaba “Cómo cambiar el mundo”. Ahora aspiran a que les regale el suyo para que sepan cuál es el mundo que tienen que cambiar. Leiris describía la metáfora como un choque de palabras que proocan una idea. Una idea nuclear. ¿Qué pasa cuando chocan dos palabras de periódico? ¿Qué sentido? Y otra pregunta es qué hace el tiempo con ellas. Es decir, cómo evolucionará el presunto sentido de esa novela. El colectivo identifica su novela con “Los últimos días de la Humanidad”, del propio Kraus. Pero ese teatro imposible y bárbaro es más bien lo que hizo Kraus después de treinta años de cortaypega en Die Fackel. O sea: lo que hizo con el tiempo. Estrujado y echado al barro como papel de periódico.




