27 de octubre de 2005
Esfuerzo y melancolía
(XXVI)
La noticia del día en Cataluña es el comienzo de las representaciones del Estatut, que tienen lugar cada lunes en el llamado Versus Teatre. Como solemne, feliz y democráticamente escribía El País “el Versus Teatre convocó a la ciudadanía a participar de la primera de las cinco lecturas con las que se quiere dar a conocer el texto completo del Estatut”. Desde Stalin (islavski) no se convocaba a la ciudadanía en un teatro. Pero creo que finalmente el texto fundamental de la Cataluña contemporánea ha encontrado su lugar y no debe salir de él. Y que esas lecturas deberían convertirse en algo así como La Ratonera. La crónica asegura que la señora Ever Blanchet, que presentó el texto, dijo estar muy sorprendida de la cantidad de llur o llurs que aparecen. No… son 116 en total. El posesivo llurs (el leur francés) es una marca de identidad del anacronismo lingüístico y dado el regio carácter del texto aún me parecen pocos. Lo cierto es que le dan un calorcillo inimitable. Se trata de ese tipo de fenómenos que hacen vacilar momentáneamente mi convencimiento de que las lenguas no son en modo alguno un patrimonio de la humanidad. Patrimonio de la humanidad será todo aquello que es irrepetible, y nada más repetible (más replicable) que una lengua. Pero qué duda cabe que reconstruir en cualquier otra lengua el ambiente que exhala la versión original catalana del texto estatutario sería un asunto extremadamente laborioso, un laberinto de perífrasis. Leyendo la versión original, tarea sencilla para cualquier romano alfabetizado, se descubren más fácilmente algunas sofisticadas derivas. Por ejemplo la del adjetivo pròpia. Ha vivido un cuarto de siglo de gloria desde que en 1978 la cosieron a la lengua. Aunque los hilos son mucho más antiguos. Esta gloria, como cualquier otra, ha tendido al expansionismo. Observado 23.3 y estas frases: “Totes les persones tenen dret (…) a accedir a la història clínica pròpia i a la confidencialitat de les dades relatives a la salut pròpia en els termes que estableixen les lleis” es fácil concluir que la anómala colocación (post) del adjetivo (y aun su presencia) sólo se explica por la deriva avasalladora de la “llengua pròpia”. Bendita tierra de María Santísima, sin embargo, donde las humanísimas tensiones entre lo colectivo y lo propio han dejado de existir, al fin fundidas. Una salud de hierro. Una impresionante historia clínica.




