27 de septiembre de 2005

La encuesta de ayer sobre la negociación con Eta merecería ser exacta. Revela perfectamente este drama español. El pueblo dice querer negociar, en su mayoría, si Eta deja las armas. Pasemos a la siguiente pregunta. ¿Contrapartidas, las llamadas políticas? Ni una. ¿Contrapartidas, las llamadas de gracia? Ni siquiera el acercamiento de los presos. ¿Qué es esto, entonces? Esto es la rendición, claro. El pueblo quiere la rendición de Eta. Y yo también. Hasta Eta quiere rendirse. Pero no basta la voluntad, naturalmente. En la torcida épica de la sangre, del negocio de la sangre (bloody bussines: Buruma) no basta la voluntad. ¿Tiene derecho un gobierno a contrariar la voluntad de la mayoría de los españoles y negociar con Eta, es decir, ofrecer algo a cambio de que dejen las armas para siempre? Lo tiene. Sólo faltaría que un gobierno hiciera lo que le dictan las masas: ¿casados…? quiá…! castrados: e Irak y Afganistán y la declaración de la renta. Pero la condición para gobernar (en contra del pueblo, como ha de ser), es gobernar. Es explicar. Es razonar. Es elaborar frases complejas: quiero decir con sujeto, verbo y predicado. Es abrir un profundo debate nacional sobre el perdón, la sangre y el olvido. Es situar al pueblo ante las rigurosas y difíciles elecciones morales que comporta la seguridad. Nada que esté haciendo este gobierno, ni que haya pensado hacer, en la más rigurosa textualidad de la expresión.

“La resultante de todo son ciudadanos airados dando vaivenes sin un proyecto claro, porque nadie lo expone (ni realmente lo tiene). Los políticos pierden puntos en el mundo en favor de que gobiernen los intelectuales, los líderes religiosos, los militares, los managers, y los periodistas, según la última encuesta global de Gallup Internacional sobre la Voz del Pueblo. No es la democracia, donde existe, la que está en peligro, pese a que la gente perciba que no está gobernada de acuerdo con la voluntad popular. En el mundo, y también en Europa occidental, según esta encuesta, crece en general la insatisfacción con los Gobiernos, la desilusión y el descontento, mientras pierden apoyos los partidos tradicionales, como muestra la evolución de los dos grandes en Alemania. En las urnas está gestándose una rebelión. Aunque ya lo advirtió Thomas Jefferson: “Dios nos libre de pasar 20 años sin una rebelión”.

Estas son palabras muy exactas, de las más exactas, que se han escrito sobre Cataluña y la crisis política del Esatuto. Las ha escrito Andrés Ortega, hablando de la Europa remota. O sea que sin querer.

El Manifiesto de los Ciudadanos de Cataluña es el premio Gregorio Ordóñez de este año.

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