24 de septiembre de 2005

El prólogo de Charo González Prada a las Crónicas desde Berlín (1930-1936), de Eugenio Xammar. Una muestra más de su aguda inteligencia. Comenta que Xammar, veterano corresponsal en Alemania, no vio hasta dónde iba a llegar el nazismo. Que entendió, por ejemplo, que el boicot a los judíos decretado por el gobierno era una mera cortina de humo, una pantomima. Y escribe Charo González: “La suya [de Xammar] era una mirada apuntalada con razones. Un hombre civilizado en un país civilizado sólo podía interpretar aquello en clave de política civilizada. La locura —y mucho menos una locura metódica— no entraba en sus cálculos. Ha llegado el momento de decir que un periodista no es un profeta. Hobsbawm decía que el arma secreta del historiador es la retrospectiva y que siempre se gana en las carreras cuando los caballos ya han acabado de correr. Un periodista escribe con la historia en vilo. Un periodista es un hombre solo, sometido con frecuencia —y con los hechos calientes todavía— a la presión de interpretar la historia cuando la historia aún no se ha decidido”. Magnífico, exacto. Va mucho más allá de Xammar. Es la respuesta que debe darse siempre ante una de las preguntas espurias que deforman el oficio: “¿Qué va a pasar?”, le preguntan cada día al periodista. “Lo que está pasando” es la única respuesta. “Lo que va a pasar”, y hoy mucho más que en tiempos de Xammar y Hitler, depende también de los relatos inscritos en el presente. La obligación periodística es que esos relatos se limiten a los hechos. Cada día el periodismo maneja una subasta de profecías. Su mera formulación contribuye a convertirlas en hechos. Xammar cumplió no sólo con su deber de hombre racional y civilizado. Cumplió, sobre todo, con el deber de su oficio. La ‘operación Xammar’ de Charo González y la editorial El Acantilado se completa con la traducción de las crónicas de la Alemania que incubaba el nazismo. El huevo de la serpiente. Ahí figura la famosa entrevista que Xammar y Pla le hicieron a Hitler. Hay dudas sobre esa entrevista. Demasiado profética.

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